Desde que a Madrid llegamos
no hemos parao de correr.
Todos dirán en el pueblo
que no lo hemos visto bien.
Anoche fuimos al teatro,
esto sí que tié que ver.
Nos costó catorce reales
y una miajica papel.
Primero salió un borracho,
ya luego un municipal
y luego una tía muy gorda
que no hacía más que llorar.
Pero de repente, una bailarina,
que se remangaba las faldas p'arriba.
Y con el dinero que aquello costó,
en mi pueblo se las arremangan mejor.
En un carro sin caballos
montamos por un real.
iHay que ver qué caro cuesta
por un Madrid pasear¡
Nos meten por un gujero,
que no había respiración.
Lo primita mía to se mareaba
al ver que corría y nunca llegaba.
Y yo la dije -Vámonos de aquí,
porque en mi pueblo se vive mejor.