Qué lindos ojos tiene mi chata,
cómo relucen cuando me ven;
son negros, negros, como la noche,
son más serenos que nuestra fe.
No me los robes, son mi esperanza;
no me los robes, Señor, Señor;
no me los robes, mi cielo, encanto,
que yo por ellos muero de amor.
Si tú me quieres, yo te daría
un pañuelito de mi corazón;
y si no quieres que yo te quiera,
yo me retiro con mi dolor.
Dicen que dicen, que tú no me amas,
dicen que dicen, que yo no sé amar;
pero yo juro por lo más santo
que a nadie quiero como a mi galán.