| Versión de Carvajal de Valderaduey, Sahagún En la ciudad de León andaba un cebollineiro, vendiendo su cebollino para sacar el dineiro. Salió la dama al balcón: –¿Qué vende el cebollineiro?– –Yo vendo mi cebollino a cuatro cuartos y medio.– Le convidó a merendar tres perdices y un conejo. A eso de los nueve meses naciera un niño tan bello, le fueron a bautizar y por nombre le pusieron unos que había de ser Juan y otros que había de ser Pedro y unos que había de ser Juan, ¡ay!, Juan el cebollinero. |
| Versión de Palacios del Sil Por las calles de Madrid se pasea un cebollero, iba vendiendo cebollas para ganarse el dinero. Y llegara a una puerta: –¿Dan posada al cebollero? –Mi marido no está en casa, no sé qué dirá en viniendo. –Diga, diga lo que quiera. –Suba, suba, el cebollero.– Se pusieron a freir dos perdices y un conejo: las perdices para el ama y el conejo el cebollero. |
Por las calles de Madrid, se pasea un cebollero,
de vender cebollas finas, cebollas por el dinero.
Le llama una señorita: -Pase, pase, cebollero.
-No está mi marido en casa, y yo hago lo que quiero.
A eso de la medianoche se pusieron al enredo.
Y a eso de los nueve meses, un niño como un lucero,
y por nombre le pusieron Federico, el Cebollero,
que arrastraba más basura, que el palo de un gallinero.
Por las calles de Madrid, se pasea un cebollero,
que vende cebollas finas, cebollas por el dinero.
Le llama una señorita: -Pase, pase, cebollero,
mi marido no está en casa, y yo hago lo que quiero.
Se puson a hacer la cena de perdices y conejos.
Ella comió la perdiz, y él comió el conejo.
Y a eso de los nueve meses, un niño como un lucero,
y de nombre le pusieron Federico, el Cebollero,
que vendía las cebollas al precio de su dinero,
y que arrastraba más mierda que el palo de un gallinero.
