Cigüeña, cigüeña,
súbete a la peña.
Los hijos te se van,
para Villamañán,
escríbeles una carta
que ellos volverán.
La Pimpineja
Pimpineja,rabo de coneja,
coneja real, pide pa la sal,
sal menuda, pide pa la cuba,
cuba de barro, pide p’al caballo,
caballo montisco, pide p’al obispo,
obispo de Roma, guarda esa corona,
que no te la vea la gata rabona.
-¿Dónde están las tus manicas?
-Me las llevó el gatico.
-¿Por qué aujerico?
-Por el más pequeñico.
-Llámalas a ver.
-iMis, mis!
-No quieren venir.
-iMis, mis!
-Velos aquí, la mi codorniz.
Madre, Francisco no viene
Teresina tenía un novio que Francisco se llamaba,
y tenía por costumbre visitarla entre semana.
Llegó el lunes, martes, jueves, y Francisco no llegaba.
-Madre, Francisco no viene, madre, Francisco ya tarda.
-No te apures tú, hija mía, no te apures tú por nada,
que estamos en sementera y anda la gente apurada.
Se subió por la escalera, ha asomado a la ventana,
y a lo lejos vio venir una yegua muy lozana;
no corría como yegua, que era un ave que volaba.
-Noticias traigo a Teresa, noticias traigo muy malas,
noticias traigo a Teresa, y no me atrevo a contarlas;
que su amado Francisco malito se halla en la cama;
unos dicen que se muere, otros dicen que no sana
y yo digo que no llega ni a las dos de la mañana.
[-Madre, sáqueme la ropa, la de luto y no de gala,
que voy a ver a Francisco, que está malito en la cama.
Al llegar al medio el camino, ya tocaban las campanas,
y al llegar an’cá Francisco, y entre cuatro le sacaban.
Allí se despidió de él, allí con toda su alma:
-Tú te vas y a mí me dejas tan triste y desconsolada.
La mujer engañada (Romance)
Me casaron mis padres chiquitina y bonita
con un muchachito que yo no quería;
a la medianoche, el gitano se iba,
con capa terciada y espada tendida.
Yo le vi subir por la calle arriba,
y le vi entrar en casa la querida.
-Yo a ti te daré sayas y mantillas,
y a la otra mujer, palos y mala vida.
Y a la medianoche: -Ábreme, María,
que vengo cansado de ganar la vida.
-No vienes cansado de ganar la vida
que vienes cansado d'en casa la querida.
Me casó mi madre chiquitina y bonita
con un muchachito que yo no quería;
a la medianoche, el pícaro se iba;
le seguí los pasos, a ver dónde iba.
Yo le vi entrar en casa la querida.
Me marché a mi casa triste y afligida,
me puse al balcón por ver si venía.
Yo le vi venir por la calle arriba;
venía diciendo: -Ábreme María,
que vengo cansado de ganar la vida.
