En León hay una iglesia
que la llaman San Martin:
santo que parte la capa
con un pobre, y vá, a partir
el dia menos pensado
á cualquiera galopín
ó á tanta revendedora
como hace su casa allí.
En las gradas de ese templo
venden ruda y peregil
y pimiento y hierba-buena,
pez, orégano y anís,
y cuelgan por las paredes
aves de todo matiz,
desde el pato á la gallina,
desde el jilguero al malvía
desde la blanca paloma
á la pintada perdiz
y desde el feo aguilucho
hasta el ruiseñor gentil.
Tiene usted caza de pelo
que ya no hay más que pedir;
cada paso es un gazapo
blanco, negro, rojo ó gris;
aparte de que hay más pesca,
que puede haber en el Sil;
y de que se suele armar
muchos dias tal motín,
que me rio del que armaron
cuando Esquilache en Madrid;
Resultando, que todo esto
no se puede consentir
en esta Ciudad que empieza
á ser un Valladolid.
Considerando, que en esá,
música del porvenir
que nos dan algunas veces,
hay bastante de incivil.
Visto en la pared los lienzos
que prestan pobre tapiz
á la iglesia de ese santo,
que se llama San Martín
y el artículo catorce
párrafo diez y ocho vis
•y siguientes, de la Ley
de Enjuiciamiento C i v i l ,
¡hombre, por San Juan Crisóstomo
por San Francisco de Asis
y Santos Pablo ermitaño
Pedro, Roque y Valentín!
Oiga por Dios los lamentos
de la pobre cordoniz
"que presa en estrecho lazo„
su juventud llora allí,
y mande que se despeje
ese lugar infeliz;
que á lo que es de agradecido
el patrono San Martín,
santo que abrigo dio á un pobre
que se le acercó á pedir,
otro pedazo de capa
cortará no nada ruin
para que haga una bandera
todo el gremio concejil.