Una vieja, vieja, tenía una hija:
entre siete llaves la tien’ recogida;
de duques y condes ha sido perdida
y ahora un pobre ciego la lleva vencida.
– Madre, aquí hay un pobre del dulce pedir.
– Dale de ese pan, dale de ese vino
y aún, para compango, dale del tocino.
– Yo no quiero tu pan ni quiero tu vino,
quiero que me enseñes de Roma el camino.
– Derechito al palo, derechito al pino,
derechito al palo, allí está el camino.
– Soy corto de vista, por Dios, no lo endilgo.
– Coge rueca en cinta cargada de lino
y a ese pobre ciego enséñale el camino:
– Derechito al palo, derechito al pino,
derechito al palo, allí está el camino.
– ¿Qué gente es aquella de caballería?
– Debajo mi capa te recogería.
Llevóla a vivir a una montiña,
a suegra y cuñada le dio por vecinas.
A los nueve meses la niña paría.
– Levantaivos, don Juan, si bien me queréis,
y a la vuestra madre vos me la llaméis.
– Levantaivos, mi madre, del dulce dormir,
que la flor de anís quería parir.
Si quiere parir, que parga,
si no, que arreviente,
que para mi gusto eso me conviene.
– Parid vos, mi vida, con la Virgen Santa:
ella no parece, es que no está en casa.
– Levantaivos, don Juan, si bien me queréis,
y a la vuestra hermana vos me la llaméis.
– Levantaivos, mi hermana, del dulce dormir,
que la flor de anís quería parir.
– Si quiere parir, que parga,
si no, que arreviente,
que para mi gusto eso me conviene.
– Parid vos, mi vida, con la Virgen Santa:
ella no parece, es que no está en casa.
– Levantaivos, don Juan, si bien me queréis,
y aún a la mi madre vos me la llaméis.
Levantóse don Juan con grande cuidado
y aún a la su suegra ya había llamado.
– Levantaivos, mi suegra, del dulce dormir,
que la flor de anís quería parir.
Levantóse la vieja con grande cuidado
y aún a su caballo había ensillado.
En una alforja mete las ricas gallinas
en la otra alforja mete las ricas mantillas.
Ya se monta la vieja en el su caballo,
ya lo galopea como hombre barbado.
Al subir de una cuesta y al bajar de un vado
campanicas de oro se habían tocado.
– Pastoricos que estáis guardando el rebaño,
campanicas de oro ¿por quién se han tocado?
– Por una morena de muy lejos tierras
que murió de parto por no haber partera.
No se cansa la vieja de llorar su hija,
no se cansan los curas de decirle misas;
no se cansa don Juan de llorar su esposa,
no se cansan las mozas de ponerle rosas
AUDIO El_raptor_pordiosero_Casadita_de_lejas_tierras.
File:Fundación Joaquín Díaz – ATO 00109 01 – El raptor pordiosero + Casadita de lejas tierras.ogg – Wikimedia Commons