El catorce de septiembre, una chica en Villapalos,
se marcha de casa, se fue en ca su tía,
se fue en ca su tía por ver lo que pasa.
—Mire usted, querida tía, los ratos que estoy pasando,
me quieren amonestar con la Virgen del Rosario—.
Su tía la dice con mucho cariño:
—No vayas a casa, quédate conmigo—.
A eso del oscurecer, la familia determina
por ver si la hacen casar con el que ella no quería.
Como es machacante, a su casa vuelve
por ver si sus padres convencerla pueden.
—No me convencen los hombres aunque tengan muchas leyes,
que me ha convencido un chico de los Acarabancheles—.
Su tía la dice con mucho cariño:
—No vayas a casa, quédate conmigo—.
Para celebrar la boda es preciso hacer el gasto:
convidar a la familia y matar algún lechazo.
Y, para refresco, también hacen falta
confites y almendras, que ya están en casa.
Como la boda iba mal, los dulces ya no han chocado,
los dulces, como tan dulces, algunos se han amargado.
—¡(Y) vaya (y) el caso que a mí me ha ocurrido!;
después de hacer gastos, quedar aburrido.
audio https://corpusdeliteraturaoral.ujaen.es/archivo/1345r-boda-no-celebrada