Fueron las monjas las madres
del niño aquel que sin padres quedó.
Con ellas, en el convento,
su infancia feliz pasó.
Era un travieso chiquillo
que de valor daba pruebas sin par.
Por eso, constantemente,
al chiquitín se le oía cantar:
―Yo quiero ser torero,
torero quiero ser,
torero de gran corrida,
como Perlita Vicente fue.
Quiero ganar dinero
para traer aquí
un manto para esta Virgen
que tanto vela por mí―.
Era una tarde de feria,
tarde española de toros y sol;
el niño cayó en la arena
y dijo así al expirar:
―Pobres monjitas buenas
que lloraréis por mí,
rezad por el pobre niño
que recogisteis de chiquitín.
audio https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00014_03_-_Yo_quiero_ser_torero,_torero_quiero_ser.ogg?uselang=es