Con sentimiento mi madre,
-Por qué no comes, me dice.
Yo no tengo nunca hambre
me alimentan los desprecios
que me sigue haciendo Carmen.
Mi Carmen ya confesó
es mi alegría tan grande.
Me quería y me engañó
y al decírselo a mi madre
por mí lloraron las dos.
Que yo he sentía
una voz dolorosa.
Y allá por tierra africana
cayó un so!dao herido en el suelo
dijendo: -Papá y mamá,
yo en esta tierra me muero.
Y él como pudo,
arrastrando y de rodillas
en la trinchera se metió.
Él exclamaba y decía:
-No dejarme solo aquí,
yo no lo siento por mí,
sólo por mis hermanitos
que se quedan huerfanitos
y no tienen los pobrecitos
nadie más en el mundo que a mí.