A la que es madre del Verbo, María y Señora nuestra,
le pido humilde y postrada, me dé gracia con que pueda
referir a mi auditorio la más infausta tragedia
del infortunado caso que sucedió a una doncella.
Pongan atención señores: En la ciudad de Valencia
nació de muy buenos padres la hermosa doña Josefa.
Apenas cumplió esta niña dieciocho primaveras,
muchos galanes la rondan sus celosías y puertas.
Entre tantos pretendientes /'adoraba muy de veras
un principal caballero, don Pedro de Valenzuela.
Al fin le escribió un billete con sus rendidas ofertas,
mas la dama muy discreta le dijo d'esta manera:
«Ya sabéis como en mi casa soy la única heredera,
y hallo imposible, señor, que mis padres me concedan
que yo con usted me case, mas esta noche a la reja
de mi jardín os aguardo a eso de las diez y media.
Dios os guarde, caballero, quien os estima y venera.
Doña Josefa Ramírez, como humilde esclava vuestra».
(A la cita vienen unos caballeros y le matan. Ella se venga.)
Mañana a la noche habrá una función muy buena
en casa de don Juan Mansilla, porque en su casa se hospedan
dos famosos caballeros naturales de Valencia
y quieren regocijarlos, mas no quieren que se sepa,
porque en Valencia mataron un hombre de grandes prendas.
Tente, imprudente lengua, que no sabes quién te escucha,
porque si sabes quién te escucha, nunca estas cosas dijeras.
(Ella les mata a espada.)
[ ... ] -Que habiendo muerto mi amante,
poco importa que yo muera. Sabed, soy doña Josefa,
aquella a quien agraviasteis en la ciudad de Valencia,
y vengo a toma( las demandas por don Pedro Valenzuela.