Con el cántaro en el hombro,
ayer tarde vine yo
y un zagal de veinte abriles
agua fresca me pidió.
Pobre cantarito mío,
hoy te lloro amargamente,
ayer tarde le rompieron
caminito de la fuente.
Todas las anocheceres
a por agua suelo ir,
porque en la fuente me espera
quien su amor me ha de decir.
Siempre el cántaro me coge
cuando acabo de llenar
y hasta muy cerca de casa,
él me viene a acompañar.
Me dice cuatro cosas
alegre y fogoso,
para que yo pierda
la paz y el reposo.
Aunque gran paciencia
tengo que tener,
el cántaro al cabo
consigue romper.
Se ajuntaron muchos
y armaron gresca
y todos querían
beber agua fresca.
Viéndome perdida,
toda el agua di
y desde ayer tarde
no sé qué es de mí.