Era una tarde de primavera,
visitaba un triste hospital,
iba a ver a un amigo querido
que moría de tisis fatal.
Y al entrar en la sala mis ojos
se fijaron en él con dolor,
y vi que moría mi amigo querido,
tísico de amor.
-Yo la muerte la siento y la siento,
y agobiado me veo acabar,
y la tumba me espera y me espera
y es la causa de yo tanto amar.
Ay, que son las flores mi única alegría,
y ellas me recuerdan lo que me decía:
ojos de azucena, labios de clavel,
jardín delicioso y aromas de miel.
