El día de Todos los Santos
iba un joven a la iglesia;
más iba por ver las damas
que por lo que había en ella.
En el medio del camino
encontró una calavera;
la ha dado con el zapato,
la dice d'esa manera:
-Hoy te brindo, caballero,
a cenar de la mi cena.
Y, por provisión de Dios,
respondió la calavera:
-No te burles, caballero
-Mi palabra doy por prenda.
Y el joven, al oír esto,
todo turbado se queda.
Todo el día anduvo triste,
hasta la noche que llega.
No estaba la cena hecha,
cuando llaman a la puerta,
unos golpes tan terribles
que toda la casa tiembla.
-Baja, mi criado, baja
a ver quién llama a la puerta;
esos golpes tan terribles
hasta el corazón me llegan.
-Anda, vete, y di a tu amo
que si del dicho se acuerda,
que soy aquel convidado,
que ha convidado a su cena.
-Anda, baja y dile que entre,
que se siente enhorabuena.
Le sacaron silla de oro,
que su cuerpo siente en ella;
le sacaron qué comer,
no comió bocao siquiera;
le sacaron qué beber,
no probó pinta siquiera.
-Yo no he venido aquí
por cenar de la tu cena,
sino que he venido aquí
por cumplirte la promesa.
-A las doce de la noche
irás conmigo a la iglesia.
No habían llegado allá,
ya estaba la puerta abierta.
Y en el medio de la iglesia
había una tumba abierta,
y en el medio de la tumba
había una luz encesa,
que con voces temerosas
decía de esta manera:
-Ven acá perro villano,
a cenar de la mi cena,
que al no ser esas reliquias
que a Jesucristo presenta,
te sepultaría vivo,
quisieras o no quisieras.
A que otra vez que me encuentre,
lo haga de otra manera:
me reces un padrenuestro
y me eches a la huesera.
Sirva de ejemplo señores,
caballeros y doncellas,
i válgame la Virgen pura,
válgame la Virgen bella l