Una encantadora joven sostenía relación
con un chico postinero que adoraba su pasión.
Al conseguir sus favores, al ver qu' encinta quedó,
trataron de casamiento, pero aquel infame huyó.
Y ella, muy apurada, por fin ya se quedó
llorando desconsolada, porque la honra perdió.
La pobre así decía: -Qué triste porvenir.
[Qué dirá de mí la gente? Yo de vergüenza voy a morir.
Ha pasado cierto tiempo, luz a un niño hermoso dio;
le ha cogido entre sus brazos, y hacia el monte lo llevó.
Se lo dejó en un barranco, envuelto con un pañal,
ocultando su deshonra, esta madre criminal.
Cuando al siguiente día, un pastor que pasó
por aquellas cercanías y a un niño llorando oyó.
Allí, a darle auxilio, emocionado vio
de que era un recién nacido, y hacia su esposa se lo llevó.
El pastor, con alegría, pronto a su casa llegó,
y a su esposa idolatraba y aquel niño la entregó.
Y a la parroquia lo llevan, llenos de gozo los dos,
bautizando al pobre niño, que en sus manos puso Dios.
Cuando llegó a ser mozo, los padres con dulzura,
le dicen si estudiar quiere para carrera de cura.
Le han dado los estudios, loando su intención,
cuando a los veintidós años, llegó a ser cura de la población.
Cuando un día, inesperado, en la iglesia penetró,
tristemente una señora, y al confesor se acercó.
Se arrodilló en el momento; el padre la preguntó:
-Dígame usted sus pecados, para que /'absuelva Dios.
-Padre, tengo una pena, padre, tengo un dolor
y la conciencia me dice, que he sido una criminal.
Hace veintidós años, un hijo abandoné;
no sé si es vivo o si es muerto, y en un barranco allí lo dejé.
Quedó el padre trastornado, sin aliento y sin color;
al oír lo confesado, creyó morir de dolor.
35 -Usted debe ser mi madre. Por lo que se explica usted,
quiso Dios que yo encontrara, la madre que me dio el ser.
-Hijo de mis entrañas, hijo del corazón,
por ocultar mi deshonra, hice yo tan mala acción.
-Madre, yo la perdono, porque comprendo yo
que la culpa no fue suya, sino del hombre que la engañó.