Todos se casan, que es ruina
menos yo que tengo encima
los años de Jesucristo.
Treinta años, ay cielo santo,
treinta años y encima tres.
Qué gobierno es el que manda,
qué ley es la que consiente,
que unas se casen de veinte
y otras se queden solteras.
Qué desgraciada nací,
qué pecado he cometido.
Todas encuentran marido
y no hay uno para mí.
Es verdad que tuve tres
que mi mano pretendieron,
y ahora recuerdo quién eran,
Perico, Antonio y Andrés.
Perico, el mismo borrico,
por no tratar, qué molestia,
con un marido tan bestia,
no me casé con Perico.
Antonio, el mismo demonio.
Por no tener un marido
tan animal y perdido,
di calabazas a Antonio.
El último, que es Andrés,
sólo recuerdo, mozo era
el mejor de los tres.
Pero el pobre no tenía
ni una peseta ni un ria!,
cómo casarme con él.
De fortuna nací, ay de mí,
que no me casé
con ninguno de los tres.
Pero si ahora de estos tres
me pidieran el matrimonio,
me casaría con Andrés, Perico y Antonio.