Estaba la Justinita con su Redondo a la puerta;
pasó por allí su padre, la trató de sinvergüenza.
Oh, iqué padre tan cruel! iOh, familia tan ingrata,
que antes de morir su hija, la están haciendo la cajal
La caja era de cristal, los adornos de madera,
que se la hizo Luciano, sin que su padre le viera.
Ya se murió la Justina, la de los ojitos negros,
la que tenía por novio, al mejor mozo del pueblo.
Al entrar al cementerio, Luciano besó la caja;
la ingrata de su familia, la dio siete puñaladas.
Siete puñaladas tiene, y las siete son de muerte.
-Si no me muero esta noche, mañana pasaré a verte.