Una tarde de verano
yendo yo por el paseo
me encontré con una niña
que era un angelín del cielo.
yo la perseguí los pasos
por ver dónde se acercaba
y vi que se dirigía
a la iglesia Santa Clara.
Mientras que duró la misa,
yo no estuve atento en nada,
sólo estuve contemplando
el cuerpo de la chavala.
Ya se terminó la misa,
ya se terminó el sermón,
ya se va la chavalina,
prenda de mi corazón.
Yo la perseguí los pasos
hasta el portal de su casa
y allí la niña me dice:
-Caballero soy casada,
tengo un marido muy bueno,
y no debo faltarle en nada.
Yo triste y desconsolado
a un arroyo me acerqué,
oí cantar a un jilguero,
con su voz me consolé.
-Canta jilguerillo, canta,
que tu cantar me cautiva,
que pretendí a una casada
y no he podido conseguirla.
-T rátala bien con cariño,
trátala bien con firmeza,
que a fuerza de machacar
ha de ablandar su dureza.
A tratarla con cariño
y aquel pájaro decía
y a fuerza de machacar
conseguí lo que quería.
-Clara soy, Clara me llamo,
siendo Clara me turbé,
por eso que nadie diga
de este agua no beberé.