-iAdiós España! -gritó un soldado, al despedirse de su nación-,
iAdiós mis padres, adiós hermanos, adiós Amelía, que yo me voy!
-Vete, soldado, vete tranquilo, vete tranquilo a pelear,
que aquí te espera la que te adora, la que en la vida te ha de olvidar.
Hacía dos años que estaba en Ceuta, cuando una carta él recibió:
era de Amelía, la que le amaba, la que le dice que se casó.
El soldadito, que estaba alegre, al oír esto al suelo cayó,
y una morito que allí estaba y al pobrecito le recogió.
-No tengo padre ni tengo madre, ni tengo hermanos ni tengo amor.
Si tú quieres, nos casaremos, y viviremos juntos los dos.
Hacía tres añ os q u e estaba en Ceuta, cuando otra carta él recibió,
que era de Amel ía, la que le amaba, la que le dice que ya enviudó.
-Tú bien viudita, yo bien casado, con una mora que me apa ñó;
si por desgracia en Ceuta muero, dejo un recuerdo de un fuerte amor.
