Madre, del cielo encanto;
mi delicia y mi amor;
dulce prenda adorada
de mi sincero amor.
De tu divino rostro,
la belleza al dejar,
permíteme que vuelva
a tus plantas a besar.
Ya veo en tus brazos
al niño Jesús,
que es tan tiernecito
y ya llevó la cruz.
Debajo de tu manto
repara y verás
a los desamparados,
que no lo son ya.
Al dejarte, oh María,
ya no acierta el corazón;
te lo entrego, señora,
y danos tu bendición.
Adiós, reina del cielo,
madre del Salvador;
adiós, oh madre mía, (bis)
adiós, adiós, adiós (bis).
