| Dos hijas tenía el rey, la cosa que más quería. Una se llamaba Ana y otra se llama María Ambas las tiene casadas, casadas en la baldía. Casadas con dos hermanos, hijo del conde Duría. Uno era jugador y jugaba cuanto tenía. Y otro labraba la seda para mantener la familia El jugador se murió y el juego nunca moría Y la mujer por las puertas con siete hijos que tenía. Y fue a pedir una limosna en casa de su hermana María. Y Dios gracias dijo a la puerta. Dame una limosna, hermana, que yo de hambre me moría. Con una voz muy soberbia le dijo que no quería. Que los bienes de los padres iban por peso y medida. Y aún a ella algo más porque era la más querida. Y los hijos a la puerta por ver lo que les traía ¿Qué nos traes la mi madre? ¿Qué nos traes de casa de la tía? No os traigo nada, hijos. Que dijo que no quería. Que los bienes de los padres iban por peso y medida. Los cogiera por la mano y los subiera para una …. Y al cerrar una puerta y al abrir una puertilla, muerta, se cayó la madre. Y los hijos en compañia Y el que le labraba la seda con siete panes a la mesa, al partir un cacho pan, gotas de sangre caían. Qué pobre vino a la puerta. ¿Qué limosna no darías? Vino la mi hermana Ana, la que pasa mala vida. ¿Eso hiciste con tu hermana? Si fueras hija la mía, cogió un cacho de pan en casa de su cuñada iva. Y en el medio del camino una voz del cielo oía. Vuelva para atrás, cuñado, que ya no lo necesitas El alma de su cuñada para los cielos camina. Y la de los siete hijos iban en compañía. Y el alma de su mujer colgada está en una viga La colgaron los demonios, porque así no merecía. |
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| File:Fundación Joaquín Díaz – ATO 00258 07 – Las dos hermanas.ogg – Wikimedia Commons |
