Las estrellas y el lucero
están en una porfía,
las estrellas, que es de noche,
el lucero, que es de día.
Las estrellas y la luna
que mira para el oriente,
no tienen tanta firmeza
como yo para quererte.
Las estrellitas del cielo
brillan todas a una vez,
pero más brillan tus ojos
cuando yo te vengo a ver.
Las estrellitas del cielo
se visten de colorado,
y yo me visto de negro,
que tengo mi amor soldado.
Las estrellitas del cielo,
una a una, dos a dos,
no tienen tanta firmeza
como tenemos tú y yo.
Las estrellitas del cielo
y las arenas del mar,
y las penas de mi alma,
nadie las puede contar.
Lucero de la mañana,
tú bien lo debes saber,
dónde están las tres Marías
cuando empieza a amanecer.
Majo, si vas a León,
compra un pañuelo de seda,
que tenga pintado el sol,
el lucero y las estrellas.
Más alto que las estrellas
vuela mi amor por el aire,
el que no sepa querer
que no comprometa a nadie.
Me puse a contar estrellas
y la del Norte dejé,
viendo que era tan bonita,
contigo la comparé.
Me puse a contar estrellas
y las eché en el mandil,
no las pude contar todas
porque me acordé de ti.
Muchas hay en este pueblo
que se tienen por doncellas
y tienen el mandil roto
de mirar a las estrellas.
No sé qué cantares cante,
todos se me han olvidado,
sólo tengo en la cabeza
que eres un cielo estrellado.
No te la dan por esclava,
te la dan por compañera,
mírala, que es más hermosa
que la luz de las estrellas.
Para bailar de noche,
no quiero luna,
ni la noche estrellada,
ni noche oscura.
Por la estrellita del Norte
se guían los marineros,
yo me guío por tus ojos,
que son dos claros luceros.
Por lo más alto del cielo
camina el carro triunfante,
las tres Marías detrás
y siete estrellas delante.
Sale el sol por la mañana
y oscurece las estrellas,
y tú oscureces al sol
cuando sales a la puerta.
Si la luna fuera mía
y anduviera a mi cuidado,
yo te alumbrara de noche,
cara de cielo estrellado.
Si la luna fuera queso
y las estrellas, panetes,
y el río fuera de vino,
qué tragos y qué zoquetes.
Si la luna no menguara,
te comparara con ella,
pero te compararé
con el sol y las estrellas.
Tus ojos para soles
son muy pequeños,
para estrellas son grandes,
serán luceros.
Tienes pecas en la cara,
niña, no tengas cuidado,
que el cielo con las estrellas
parece más adornado.
Una estrellita se ha muerto
y la luna llora, llora,
y las demás estrellitas
de luto se visten todas.
Vámonos de aquí, señores,
que las estrellas van altas,
ya viene la luz del día
descubriendo nuestras faltas.
Vendrá de San Juan la noche
templadica y estrellada,
ya no pondré más el ramo
clavado en la tu ventana.
Ventana, ¿cómo no te abres?
balcón, ¿cómo no te cierras?
lucero, ¿cómo no sales
a recoger las estrellas?
Virgen, madre sois de Dios,
estrella siempre brillante,
más que la luna sois bella,
y más que el sol relumbrante.
Viva la estrella del Norte,
viva el lucero del día,
viva la estrella del Norte,
que a los marineros guía.