Cuaderno de cantares:  Las mujeres y los hombres 

Yo no sé que le dije, 
que se reía; 
corazón de mujeres 
mana alegría. 

Yo no sé que le dije, 
que ella lloraba, 
corazón de mujeres 
llora por nada. 

Viva la alegría, viva, 
el corazón nunca llore, 
vivan los hombres leales, 
mueran los que son traidores. 

Viva el Bierzo, viva el Bierzo, 
que viva Camponaraya, 
sus mujeres y sus vinos, 
lo mejor que hay en España. 

Unos dicen que las Juanas, 
otros que las Isabeles. 
Yo digo que las Marías 
son la flor de las mujeres. 

Una mujer y una burra 
se apostaron a correr, 
a correr ganó la burra, 
pero a burra la mujer. 

Una mujer fue la causa 
de la perdición primera, 
y no hay mal en este mundo 
que de mujeres no venga. 

Una mujer alta y fea 
con el pelo bien peinado, 
parece una casa vieja 
que tiene nuevo el tejado 

Una flor nació en el campo 
que le llaman margarita, 
la perdición de los hombres 
son las mujeres bonitas. 

Tú trataste de engañarme 
y al final yo te engañé, 
un puntito más que un hombre 
siempre sabe una mujer.  

Todos los hombres son falsos, 
lo digo porque lo sé, 
si alguno me está escuchando, 
también lo digo por él.  

Todo hombre que se casa 
con una mujer bonita, 
hasta que no se hace vieja 
el susto no se le quita. 

Todas las mujeres tienen 
hasta el ombligo colgajos, 
y los hombres los tenemos 
cuarta y media más abajo. 

Todas las mujeres tienen 
en el pecho dos limones, 
y un poquito más abajo, 
la perdición de los hombres. 

Todas las mujeres tienen 
en el ombligo una rosa 
y un poquito más abajo 
la cueva de la raposa. 

Toda esta calle a lo largo 
la han sembrado de melones 
y han nacido calabazas 
para darles a los hombres. 

Tiene la molinera 
en su molino 
la perdición del hombre: 
tabaco y vino. 

Tengo vergüenza y me callo,
tengo amor y no lo digo,
no se cómo te dijera
si te quiés casar conmigo.

Son los hombres unos tunos, 
lo digo y no me arrepiento, 
si alguno me está escuchando 
que diga de mí si miento. 

Si los hombres se calaran 
como se cala un melón 
más de cuatro sinvergüenzas 
se sabría lo que son. 

Si la mar fuera de tinta 
y el cielo de papel doble, 
no se podría escribir 
lo falsos que son los hombres. 

Si quieres buscarte novia
no vayas a romerías,
búscala en casa de sus padres
en ropa de to los días.

Quiérote y no te quiero
que son dos cosas,
tengo amor y no quiero
que lo conozcas.

Quítate de esa ventana,
no me seas ventanera,
que la cuba de buen vino
no necesita bandera.

Qué traidores son los hombres 
que fingen falsos amores, 
y abandonan el jardín 
después de coger las flores. 

Qué tontas son las mujeres 
que se asustan de un ratón 
y no se asustan de un hombre 
que es el animal mayor. 

Qué tontas son las mujeres, 
que de los hombres se fían, 
aunque cojan el garrote 
y les rompan las costillas.  

Partí una, partí dos, 
partí tres, salieron vanas; 
las palabras de los hombres 
son como las avellanas. 

Papeles son papeles, 
cartas son cartas, 
palabras de los hombres 
todas son falsas. 

No te fíes de los hombres 
aunque te digan: te quiero; 
al revolver una esquina, 
si te vi ya no me acuerdo. 

No te fíes de los hombres 
aunque les veas llorar, 
que son como el cocodrilo, 
que lloran para engañar 

No te fíes de los hombres 
aunque les veas las tripas, 
son capaces de engañar 
a las ánimas benditas. 

No te fíes de las mujeres, 
soy mujer y te lo digo, 
que las mujeres engañan 
al hombre más entendido. 

Mujeres y aceitunas 
son todo uno, 
tienen la carne blanda 
y el hueso duro. 

Mi mujer y mi caballo 
los dos murieron un día, 
mi mujer, Dios la perdone, 
caballo del alma mía. 

Más vale querer a un perro 
que querer a una mujer, 
el perro cuida la casa, 
la mujer la echa a perder. 

Los hombres son los ratones 
y las mujeres el queso, 
y el matrimonio la trampa 
que los pilla del pescuezo. 

Los hombres para engañar 
parecen mantas mojadas, 
después de haber engañado, 
espinas envenenadas. 

Los hombres no se miran 
en el espejo, 
porque el espejo dice 
que son muy feos. 

Los hombres cuando pretenden 
son como ángeles del cielo, 
pero después de casados, 
los tizones del infierno. 

Lo mismo al comer la fruta 
que al hablar de la mujer, 
todos decimos que es buena 
y le quitamos la piel. 

Las mujeres y los perros 
son de la misma manera, 
si le hacen una caricia 
se van detrás de cualquiera. 

Las mujeres son muy listas, 
tentación del Enemigo, 
que hacen estirar al hombre 
lo que tienen encogido. 

Las mujeres de este pueblo 
por muy finitas que sean 
se mojarán los pelitos 
del culito cuando mean. 

Las mujeres cuando paren 
se acuerdan de San Ramón 
pero no se acuerdan de él 
cuando están en la función. 

Las mujeres cuando paren 
dicen a Santa Librada: 
Tenía que ser la salida 
lo mismo que fue la entrada. 

Las cañas por dentro huecas 
suelen meter mucho ruido, 
así pasa con los hombres, 
que están por dentro vacíos. 

La vara de San José 
todos los años florece, 
la vergüenza de los hombres 
se ha perdido y no aparece. 

La pandereta está rota, 
con qué la remendaré, 
con la lengua de los hombres, 
que dicen lo que no es. 

La mujer y la sartén, 
la perdición de una casa, 
la mujer gasta los cuartos, 
la sartén quema la grasa. 

La mujer y la guitarra 
son distintos instrumentos, 
uno se toca por fuera, 
y otro se toca por dentro. 

La mujer que sale mala 
ni reñirla ni pegarle, 
agarrarla de los pelos 
y llevársela a su madre. 

La mujer que quiere a dos 
no es tonta, que es prevenida, 
si una vela se le apaga, 
otra le queda encendida. 

La mujer chiquitina 
es un regalo, 
más vale poco y bueno 
que mucho y malo. 

Este pandero que toco 
tiene veinticinco sones, 
veinticinco puñaladas 
merecen algunos hombres. 

Entaruca las madreñas,
chaparro, que eres pequeño
y no te quieren las mozas
de balde ni por dinero.

Esta calle es un jardín, 
las mujeres son las rosas, 
y yo que soy jardinero 
escojo a la más hermosa.  

En una sala cuadrada, 
llena de iluminaciones 
me puse a considerar 
lo falsos que son los hombres. 

En las cosas de mujeres 
yo tengo poca fortuna 
porque yo las quiero a todas 
pero ellas a mí ninguna. 

El querer de las mujeres 
es como el de las gallinas, 
que cuando les falta el gallo 
a cualquier pollo se arriman. 

El perejil cuando nace 
nace por las cuatro esquinas, 
los hombres cuando pretenden, 
no dicen más que mentiras. 

El demonio son los hombres, 
según dicen las mujeres. 
Cuántas están deseando 
que el demonio se las lleve.  

El cuerpo de una mujer 
es lo mismo que una huerta, 
tiene la noria en el medio 
y el perejil a la puerta. 

El corazón de los hombres 
es como un día nublado, 
que tiene más pensamientos 
que leyes un abogado.  

El corazón de los hombres 
es como el paño babiano, 
por afuera buenos son, 
por adentro sale el daño. 

El amor de las mujeres
suele ser como el del perro
que aunque les sacudas palos
no desampara a su dueño.

El pimiento ha de ser verde,
los tomates colorados,
la berenjena espinosa
y los amores callados.

Doce gallinas y un gallo 
casi siempre están conformes, 
en cambio nunca lo están 
dos mujeres con un hombre. 

Debajo del ombligo 
tienen los hombres 
una romana vieja 
con dos pilones. 

De una costilla de Adán 
hizo Dios a la mujer 
para que el hombre tuviera 
ese hueso que roer. 

De las mujeres que paren 
muy cerca de la cuaresma, 
los hijos salen varones 
y las hijas salen hembras. 

Cuando dos se están queriendo, 
la mujer es la que manda, 
pero al salir de la iglesia, 
los papelitos se cambian. 

Cuando Dios empezó el mundo, 
le dijo a Adán una vez: 
para que tú no te aburras, 
voy a darte una mujer. 

¿Cómo vivirán los moros 
teniendo tantas mujeres, 
si aquí con una nos sobra 
para que el diablo nos lleve? 

¿Cómo quieres que quiera 
lo que tú quieres? 
Tú quieres a los hombres, 
yo a las mujeres. 

Colorada la guinda, 
verde el guindero, 
pícaros son los hombres 
de pelo negro. 
Carbón de encina, 
cisco de roble, 
la confianza 
no está en los hombres. 
Catorce gallinas tengo 
y no riñen casi nunca. 
Si se volvieran mujeres 
no podrían estar juntas. 
Aunque la mar fuera tinta 
y el cielo papel y sobres, 
no se podría escribir 
lo falsos que son los hombres. 
Arbolito bien plantado, 
siempre parece arboleda, 
la mujer de buen marido 
siempre parece soltera. 
Anda diciendo tu madre 
que somos burros los hombres, 
ojalá fuera yo burro 
pa pegarle un par de coces.
Amor mío, vienes tarde, 
has de dormir al sereno, 
que el sereno de la noche 
para los hombres es bueno. 
Amor mío, no te embarques, 
que el mar está muy profundo, 
hace lo que muchos hombres 
engañadores del mundo. 
A los hombres les comparo 
con un trozo bacalao, 
que si les quitan la cola, 
les quitan lo más salao. 
A la mujer la comparo 
con un saco de avellanas, 
partes una, partes otra, 
y todas te salen malas. 
Querer a quien no me quiere 
•es la gracia del querer,
que querer a quien me quiere
no es más que corresponder.

Querer por sólo querer,
sin esperanza de premio,
es un querer desdichado
pero es querer verdadero.

Tengo un dolor en el pecho
y los médicos me dicen
que no es dolor, que es amor
que está criando raíces.