Cuaderno de cantares:  Música y otros instrumentos 

A la orilla del río 
tengo mis bienes: 
una gata y un gato 
con cascabeles. 

A la puerta de la Chana 
tocaban el tamboril 
a ver si la Chana, Chana 
se salía a divertir. 


A mi me gusta la gaita 
viva la gaita, viva el gaitero 
a mi me gusta la gaita 
que tenga el fuelle de terciopelo. 

A tu puerta hemos venido 
con guitarras a cantarte, 
estarás bien satisfecha 
que somos diez a tocarte. 

Al ciego Benamarías 
todos le mandan tocar, 
pero no le dice nadie: 
pasa, ciego, a merendar. 

Al que toca el tamboril 
del cielo le caiga un rayo, 
y ese rayo se convierta 
en niña de quince años. 

Al señor tamboritero 
las gracias le voy a dar 
por la atención que ha tenido 
de acompañarme a tocar. 

Allá va la despedida, 
allá va, que nos marchamos, 
si no nos sacan más vino, 
ni tocamos ni cantamos. 

Allá va la despedida, 
la que dio Cristo a su abuela, 
los que bailan se divierten 
y los que tocan se amuelan. 

Allá va la despedida, 
que el rabel se vuelve loco, 
mañana por la mañana 
tocaremos otro poco. 

Avivai las castañuelas 
mozas del baile primero; 
avivai las castañuelas 
que yo avivaré el pandero. 

Avivai, mozas, el baile 
si lo queréis avivar, 
avivai las castañuelas 
que yo avivaré el cantar. 

Ciento cincuenta suegras 
van pal infierno, 
delante va la mía 
tocando el cuerno. 

****

Comprábanme la gaita, 
no la quise vender, 
que la gaita no es mía, 
que es de la mi mujer. 
No la vendas, marido, 
no la vendas, por Dios, 
que es la mejor alhaja 
que tenemos tú y yo. 

***********
Con el permiso de ustedes 
me pongo a tocar un baile, 
y de mi gusto sería 
no perjudicar a nadie. 

Con una mala guitarra 
toda la noche rondamos, 
y a los del tambor y la gaita 
bien que los arrinconamos. 

Cuando me parió mi madre, 
dijo en seguida mi abuela: 
este niño es bailador, 
tiene un par de castañuelas. 

Dale, compañero, dale 
a la guitarra que suene, 
que está muy lejos de aquí 
donde tu morena duerme. 

De las clases musicales 
salgo to’los días contento, 
porque la maestra quiere 
tocar siempre mi instrumento. 

¿Dónde vas a dar agua, 
mozo de bueyes, 
que desde mi cama siento 
los cascabeles? 

El día que yo me case 
no dejaré de llevar 
al mejor tamboritero 
que encuentre por el lugar. 

Puntuación: 4 de 5.
El gaitero de Fresnedo 
que viene de ralo en ralo 
va tocando por la calle 
la toná de los casados. 

El señor gobernador 
se gasta mucha finura 
que le ha puesto campanillas 
al carro de la basura. 

El rabel está enojado 
y el que lo toca también 
porque no le dan de aquello 
que rechina en la sartén. 

El rabel para ser fino 
ha de ser de verde pino, 
la vihuela de culebra 
y el sedal de mula negra. 

El rabel se ha cansado, 
yo me despido, 
que cantando y tocando 
bien he cumplido. 

En l’andar te conozco 
que tienes ganas 
de tocar la zambomba, 
¡tócala y calla!  

Esta noche voy de ronda 
haga claro o haga nublo 
he de romper mi guitarra 
en las costillas de alguno. 

Este pandero que toco 
en medio tiene una O 
con un letrero que dice: 
viva quien toca el tambor. 

Este par de dulzaineros, 
con dulzaina y tamboril, 
que nos toquen unas piezas 
y nos vamos a dormir.  

Este rabel pide vino 
y las cuerdas, aguardiente, 
y el mocito que lo toca, 
mocitas de quince a veinte. 

La gaita de la ribera 
es difícil de tocar, 
sólo la toca el gaitero 
y miradlo dónde está. 

La guitarra pide vino, 
y el guitarrillo, aguardiente, 
y el tocador que lo toca, 
mocitas de quince a veinte. 
La guitarra que yo toco, 
siente como una persona: 
unas veces canta y ríe, 
otras veces gime y llora. 

La mujer y la guitarra 
son distintos instrumentos, 
uno se toca por fuera, 
y otro se toca por dentro. 

La zambomba está ronca, 
tiene ronquera, 
porque ha bebido agua 
de la ribera. 

La zambomba está mala, 
¿qué le daremos? 
una taza de caldo, 
que la escaldemos. 

Las castañuelas de tejo 
son de mi hermano Matías, 
cuando mi hermano se muera, 
las castañuelas son mías.  

Las cuerdas de mi guitarra 
yo te diré cuáles son: 
prima, segunda, tercera, 
cuarta, quinta y el bordón. 
Los pendientes que te pones 
campanillas de oro son, 
que descansan en mis hombros, 
tocan en mi corazón.  

Me dicen que no se puede 
hacer tres cosas a un tiempo; 
mira como bailo y canto 
y toco los instrumentos. 

Morena, si vas al baile, 
deja en tu casa las penas, 
que la danza es alegría 
de dulzaina y panderetas. 

Por el camino del Val 
un maragato cantaba 
al son de las campanillas 
que su reata llevaba. 

Por estar mi amor ausente, 
sigue la pena en mi boca, 
mientras que la gente baila, 
yo estoy toca que te toca. 

Por la calle abajo bajan, 
la vihuela van tocando, 
una cuadrilla de mozos, 
que la ronda van echando. 

Puntuación: 2 de 5.

«Por mi afición sin segundo 
metime a tamburitero, 
y alegre voy por el mundo, 
tocando gano el dinero. 

Rompióseme la flauta, 
rompióseme el tambor, 
y ahora que no lo tengo, 
al monte de pastor. 

Sé cantar y sé bailar, 
sé tocar la pandereta, 
el que se case conmigo 
lleva música completa. 

Si quieres tener un hijo 
que toque bien el rabel, 
vente conmigo, morena, 
que yo te lo puedo hacer. 

Si quieres vivir alegre 
cásate con un corneta, 
de mañana toca diana 
y por la tarde trompeta. 

  Si se cayera el templete 
y cogiera a un musiquín, 
y pillara a Arturo Cabo, 
que es el que toca el flautín.

Siempre cuando vas de ronda 
te gusta llevar tambor, 
eso me está demostrando 
que eres mozo fanfarrón.   

Toca, rabel mío, toca, 
que te tengo que romper 
que a la puerta de mi novia 
no has querido tocar bien. 

Todos los que cantan bien 
se acercan a la guitarra, 
y yo como canto mal 
ni me acerco, ni me llaman. 

Toquen, toquen  
los hierros y flautas, 
vamos todos al campo florido, 
a ver al niño hermoso 
que en el portal ha nacido. 

************

Una moza en el baile 
dijo en voz alta: 
si me gustan los mozos 
es por la gaita. 
Y un mozo le contesta 
con gallardía, 
si te gusta la gaita, 
toma la mía. 
****
Viva la punta de arriba, 
viva la punta de abajo, 
viva quien baila en el medio, 
vivan los que están tocando. 

Volaban los pajarcitos 
por encima del romero, 
con su lenguaje decían: 
Que viva el tamboritero. 

Yo me canso, yo me canso, 
yo me canso de tocar, 
y las mocitas del baile 
no se cansan de bailar.  

Zumba, zúmbale al pandero, 
al pandero y al rabel, 
toca, toca la zambomba, 
dale, dale al almirez. 

Puntuación: 5 de 5.