Vámonos a echar a andar 
por esta calle preciosa
con toda la concurrencia
acompañando a esta rosa.

El agua quedó riendo
tan clara y tan cristalina
al ver a la señora novia
al lado de la madrina.

En el bolso del padrino
hizo el ratón una cueva,
no mete la mano en él,
tiene miedo que lo muerda.

Al revolver de la esquina
y al revolver del cantón,
ya se ven bien los palacios
de’onde la niña salió.

Salga la señora madre
por ese portal barrido
a recoger a su hija
que viene con su marido.

La casadina del templo
pica la piedra labrada
por ser la primera vez
que la pisas de casada.