Algún día, algún día
y ahora, ahora,
si no tiene remedio,
¿para qué lloras?
¡ Ay madre, madre ¡

Llámeme a un barbero,
que a mí me sangre,
que yo me muero,
que a mi amante lo dejo
de mis caudales
por heredero.
¡ Ay madre, madre ¡

Dices que no me quieres:
yo a ti tampoco
por tu mala cabeza,
que eres un loco.
¡ Ay madre, madre ¡