Una vez que fui ladrón  
en los montes Pirineos
lo primero que robé
fueron unos ojos negros.
Fueron unos ojos negros
en una cara morena.
Muy caro me ha de costar
si no me caso con ella.

Si no me caso con ella,
Rosina de Alejandría,
que de noche vengo a verte
porque no puedo de día.
Porque no puedo de día
que me lo impide el trabajo.
Ahí te quedan mis amores
en la ventana de abajo.