
Cuatro palomitas blancas como la nieve, volando van; van al río a beber agua, con mucho rumbo y serenidad. Y después de haber bebido, alzan el vuelo y vuelven atrás, en busca de los pichones, que se han quedado en el palomar. Dame la mano, dame la mano, dame un clavel. Dame la mano, dame la mano, y te vengo a ver.
