Cuatro palomitas blancas
como la nieve, volando van;
van al río a beber agua,
con mucho rumbo y serenidad.

Y después de haber bebido,
alzan el vuelo y vuelven atrás,
en busca de los pichones,
que se han quedado en el palomar.

Dame la mano, dame la mano,
dame un clavel.
Dame la mano, dame la mano,
y te vengo a ver.