A la mar fui por naranjas,
cosa que la mar no tiene,
metí la mano en el agua,
la esperanza me mantiene.
Adiós, adiós, le decimos
a quien fue de nuestro bando,
la despedida le damos
con el pandero en la mano.
Ahí vienen los taberneros
con la libreta en la mano,
apuntando a quien le debe,
tachando al que le ha pagado.
Allá va la despedida
con la mano en el sombrero,
que quien les canta pretende
quedar como un caballero.
Con respeto y con amor,
hoy, San Roque, te cantamos,
al compás de los panderos
que zumban en nuestras manos.
Cosa sagrada es el monte
y el árbol que está en la huerta,
maldita de Dios la mano
que lo tala o que lo incendia.
Dame la mano, la mano,
dame la mano derecha,
esta es la que me has de dar
a la puerta de la iglesia.
Dame la mano, niña,
dame la mano,
subiremos la cuesta
del avellano.
El ramín de San José
era verde y se secó,
por ser de manos de un santo,
el cielo se lo llevó.
El tocar el pandero
no tiene ciencia,
es darle con la mano
y dejarla muerta.
En el bolso del padrino
tiene el lagarto la cueva,
no se atreve a meter mano,
tiene miedo que le muerda
