Ay de mí, que la perdí,
ay, que la traigo perdida,
jugué con un jugador,
tengo perdida la vida.


La baraja de los naipes,
señores, voy a explicar
para que de Dios se acuerden
cuando vayan a jugar.


Los pajaritos del cielo
cantando mecen la cuna
y el Niño recién nacido
jugando está con sus plumas.


Por el río Torío
bajaba una gabarra
con cuatro jugadores
de las Ventas de Nava.

Ya puedes tirar la barra
por encima del sombrero,
que, aunque pierdas la tirada,
tuya es la flor, caballero.