¡Quién san Jerónimo fuera
para poder explicar,
lo que padecen las almas
que en el purgatorio están!
Allí gritan y suspiran
metidas en aquel fuego,
suspirando a los mortales
las saquen de aquel tormento.
Que en calabozos oscuros
hay muchas almas metidas,
enclavadas en el suelo
diciendo cómo me olvidas.
Herederos y albaceas
como de mí no se acuerdan,
para hacer una limosna
y sacarme de estas penas.
Mujer, hijos y familia,
atender nuestros lamentos,
cumplir lo que vos mandamos,
no alarguéis nuestros tormentos.
Tener, presentes hijos míos,
las fatigas y tormentos,
que yo en el mundo pasaba
para ganaros el sustento.
Si una enfermedad teníais,
siempre estaba a vuestro lado,
dándovos medicinas
noche y día con cuidado.
¡Ay, si me vierais ahora,
entre tanto arder,
qué diligencias pondríais
por no verme padecer!
Si los posibles son pocos,
y no pudierais mandar
que nos digan una Misa
aliviarnos con rezar.
