En la provincia Toledo, en el pueblo Villafuente,
dio muerte a cuatro bandidos esta joven tan valiente.
Escuchen, señores, todo lo que nos dice la plana:
Inés dio muerte a los cuatro por defender a su hermana.
Jóvenes, estar atentos, lo que ahora voy a explicar
de la muerte que la dieron a la inocente Pilar.
El día quince de octubre una boda celebraron
en el pueblo Villafuente, y a Pilar la convidaron.
Estuvieron todo el día divirtiéndose contentos,
y ésta, al volver a su casa, la salieron al encuentro
cuatro jóvenes traidores que su honor quieren robar;
la amenazan con la muerte o su hermosura gozar.
La Pilar les contestó con mucha pena y tristeza:
-Hasta yo no ser casada, no mancharais mi pureza.
-De los cuatro -dice uno-, déjanos darte un abrazo,
y si de ti no gozamos, has de morir a pedazos.
Qué pena y qué dolor causa a la triste Pilar,
con las tristes amenazas que estos bárbaros la dan.
Se ha postrado de rodillas, les ha pedido perdón,
y a Dios le pide llorando que la dé la salvación.
Estos cuatro bandoleros, ciegos y sin corazón
la tiraron por el suelo: no hacen caso del perdón.
Unos tiran de los brazos, otros tiran de las piernas,
/’agarran de los cabellos, la daban contra las peñas.
Ya la pobrecita mártir, tan cansada de sufrir,
dice: – Saciar vuestro antojo y lo que queráis de mí.
Como perros carniceros estos cuatro se agarraron,
y los cuatro gozan d’ella; su cuerpo la destrozaron.
La Pilar grita y lamenta en sus tristes agonías;
decía: -iPadres queridos! iAy, madre del alma mía!
Padres de mi corazón, qué inocentes estarán
de estos trabajos tan grandes y el martirio que me dan.
Viendo los tristes lamentos que en el campo resonaban,
ya a la pobrecita mártir pronto la muerte la daban.
Hicieron lo que quisieron de su cuerpo con presteza,
con un agudo cuchillo la cortaron la cabeza.
Después de pasar dos horas con la mayor libertad,
cogen el cuerpo sangriento y lo llevan a enterrar
en un arroyo profundo que cerca de allí encontraron,
y con las ramas de un árbol allí su cuerpo taparon.
Y, después que la dejaron en el arroyo enterrada,
se dicen unos a otros: -O’esto no se sabrá nada.
Pero la Virgen María, Nuestra Soberana Madre,
no consiente que se salven estos cuatro criminales.
En esta primera parte que acabamos de contar
se ve cómo dieron muerte a la inocente Pilar.
Nos vamos a la segunda, y con acierto y desvelo
se ve que son descubiertos estos cuatro bandoleros.
Por un chico de ocho años, que allí guardaba las cabras,
se fue a casa de sus padres, y los dice estas palabras:
-Yo no sé qué ha sucedido, nada más puedo decir
que a eso de las ocho y media a Pilar la vi venir.
Han llegado cuatro mozos y al encuentro la salieron;
yo la sentía dar voces, pero no sé qué la hicieron.
Tan pronto como su hermana estas palabras ha oído,
para el sitio del suceso ella muy pronto se ha ido.
Ésta coge la pistola como joven más valiente,
y se fue para aquel sitio que a su hermana dieron muerte.
Sigue camino adelante, miró y a nadie veía,
y volvió a pedir valor a la Sagrada María.
Mira por todos los lados, hacia izquierda y a derecha,
y a su hermana pudo ver en su sangre ya deshecha.
Aquí se calma, aunque triste, y se llena de valor;
pide a Dios que la dé acierto y ánimos al corazón.
Como kilómetro y medio se dirigió muy atenta,
y allí vio a los cuatro mozos qu’estaban en una huerta.
La Inés se ha arrimado a ellos, como si a nadie buscaba,
muy alegre y placentera a la ropa los miraba.
Les vio muy llenos de sangre; Inés sufre con valor,
y no demostrando el hecho, les dice con atención.
Y luego, con atención, les pregunta muy atenta,
y les dice a aquellos cuatro si tiene peras la huerta.
La dice que peras tiene, y que la dueña no está.
-Pero si usted quiere peras, aquí se las pueden dar.
-Tomaremos unas peras, luego se las pagaré.
Tornen ustedes dos reales, que es lo que pueden valer.
Todos dicen a una voz: -Aquí no se paga nada,
pero sepa usted que es de los cuatro enamorada.
-Con calma se hacen las cosas, y el tiempo da gusto a todo
y estimando este favor, nunca les dejaré solos.
-Podéis saciar vuestro antojo y gozar de mi presencia;
siendo por una ilusión, se llevará con paciencia.
Se levantó en pie, valiente; dice: -Ya llegó la hora;
y así pagaréis la pena de esta muerte tan traidora
que disteis a la Pilar, que allí tenéis enterrada.
Y ahora os dará la muerte esta vuestra enamorada.
Se ha retirado tres pasos con la pistola en la mano;
al punto les dio la muerte a tres de los inhumanos.
Y al que ha quedado con vida, arrastrando se lo lleva
para que declare el hecho y que el público le vea.
Le toman declaración al punto la autoridad;
declaró según fue el hecho, y a Inés dieron libertad.
El que declaró murió al otro día pasado,
de penas y de congojas, porque ibas a ser sentenciado.
95 Levantan a la Pilar, les entierran todos juntos
y a Inés por nombre la queda la más valiente del mundo.