Llora, llora, corazón

Llora, llora, corazón

Llora, llora, corazón,
llora si tienes por qué,
que no es delito en un hombre
llorar por una mujer.

Este pandero que toco
tiene manos, sabe hablar;
sólo le faltan los ojos
para ayudarme a llorar.

Que te quise, cierto fue,
que te olvidé, no es mentira.
En los árboles las hojas
no duran toda la vida

Llora, llora, corazón,
llora si tienes por qué,
que no es delito en un hombre
llorar por una mujer.

Este pandero que toco
tiene manos, sabe hablar;
sólo le faltan los ojos
para ayudarme a llorar.

Que te quise, cierto fue,
que te olvidé, no es mentira.
En los árboles las hojas
no duran toda la vida

Si me quieres dímelo

-Y ayer tarde en la fuente
te vi cantando
y hoy he pasao por ella,
estabes llorando.

-Dime por quién suspiras,
prenda quería.
-Suspiro por amores
que yo tenía.

-Amores que tenías
y sigues teniendo,
yo a ninguna he querido,
y a ti te quiero.

- Ya sé que tienes otra
que te enamora,
y a mí me dejas triste
y llorando sola.

-Quien a mí me enamora
tú bien lo sabes,
eres tú, neña mía,
con les tus gracies.

-Les mios gracies, neñu,
no son ninguna,
por eso yo vivo sola
como la luna.

-Si tú eres la luna,
yo soy lucero,
que te voy persiguiendo
por todo el cielo.

Si me quieres, dímelo,
que si no, lo mismo haré yo.
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---------------------------------
Mocines del Robléu,
comprái corales,
que vienen los pastores
por Foncarrales.

Si me quieres, dímelo,
que si no, lo mismo haré yo.
Y en el puertu de Poyares
baxen las nieblas al suelo,
por eso les payariegues
viven tan cerca del cielo.

Si me quieres, dímelo,
que si no, lo mismo haré yo.

Madrugué una mañana

Madrugué una mañana
en el mes de abril
y encontré a una morena
regando el jardín.

La dije: chica guapa
s1 quieres venir
a la confitería,
a la pastelería
de Valladolid.
Ella como ignorante
me dijo que sí.
L'agarré de la mano
la llevé al jardín.

Mire usted, señorita,
la de los guantes,
mire usted que la llaman
los estudiantes.

Eres alta y delgada
como tu madre,
bendita sea la rama
que al tronco salen

Anda y rézale a la Virgen

Anda y rézale a la Virgen,
y dila que vengo a verla,
y tengo de ir y decirla
que me muera.

Y a la Virgen la cae bien el manto
y [a] mi morenita el zapatito blanco.
Y a la Virgen la cae bien el velo
y a mi morenita el zapatito negro.

Eres de Burón, morena,
eres de Burón, salada,
eres más rubia, más rubia
que el oro de La Habana.

Mi madre me da de palos
porque quiero a mi pellejero
y al son de los palos digo:
-iViva[n] las botas de Telo!

Yo le dije a una galana

Yo le dije a une galana:
-Qué guapina vas.
Yo dixese: -Ah, non cuyá,
non tengo ganas
de oírte falar.

Y entonces el mio xar
que embáistame a falagar
con un palo de avellano,
Jesús, qué burro y estás.
Tan burro que no lo hay más,
y vago que non traballar
ni piensa de traballar.

Que cuándo vas a verme,
que cuándo vas allá,
si vas pa Nochebuena
o para Navidad.
  • Villaornate

Ya volean

Ya volean, ya volean,
las campanas de Olivares.
-¿Quién se ha muerto?
-La condesa de Ultramares.

No se ha muerto, no se ha muerto,
que la han matado sus padres
por un falso testimonio
que la levantó su amante.
Y el anillo de su dedo
se lo llevó un estudiante.

Estudiante estudia, estudia,
deja los amores, deja,
mira que te han de salir
los libros de la cabeza.

Aquel árbol que hay en el pinar

Aquel árbol que hay en el pinar
florido y hermoso,
a cortarle quisieron entrar
cuatro buenos mozos,
a cortarle quisieron entrar
cuatro jornaleros,
a cortarle quisieron entrar
pero no pudieron.

Mucho me gusta el mandil
que llevas a la cintura,
pero mucho más me gustas
porque eres leonesa pura.

Si conociera las piedras
que mi amor pisa en la calle,
las volviera de al revés,
que no las pisara nadie.

Mucho me gusta el mandil
que va por la carretera,
pero mucho más me gustaba
la chavala que lo lleva



ATO_00115_40
Record ID (ATO)115
IncipitFile:Fundación Joaquín Díaz – ATO 00115 40.ogg – Wikimedia CommonsAquel árbol que está en el jardín, florido y hermoso
Cuatro lirios hay en el jardín, floridos y hermosos
a cortarles quisieron entrar cuatro lindos mozos.
A cortarles quisieron entrar cuatro jornaleros
A cortarles quisieron entrar y amor fué el primero.

… … …


Guisatecha, León, Spain
ATO_00564_06 File:Fundación Joaquín Díaz – ATO 00564 06 – Aquel pino que está en el pinar.ogg – Wikimedia Commons
Aquel pino que está en el pinar
Florido y hermoso,
A cortarlo quisieron entrar

Cuatro buenos mozos.

Cuatro buenos mozos,
Mi amor el primero,
A cortarlo quisieron entrar
Y no se atrevieron.

Si tu fueras buena moza
Te comprara un zagalex’o
Así como no lo eres
Con el que tienes de dejo.

Aquel pino…


AUDIO FILIEL

AUDIO QUINTANILLA DE SOMOZA

AUDIO VAL DE SAN LORENZO ttps://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00116_30_-_Jota.ogg

Paso ríos, paso fuentes

Paso ríos, paso fuentes,
paso grandes arenales,
siempre te encuentro lavando,
Rosita de los rosales.
Dime cómo no te casas,
si te pretende algún rey,
cuatro tiene la baraja
que te pueden sorprender.
Si el de oros no te gusta,
si el de bastos no te agrada,
si el de copas es borracho,
cásate con el de espadas.
Las espadas son valientes
y amigas de pelear,
que han ganado en la batalla
el Peñón de Gibraltar.

Pájaro que vas volando y en tu pico llevas hilo

Pájaro que vas volando
y en tu pico llevas hilo,
dámelo para coser
tu corazón con el mío.

lQuién te lo peina,
niña, el tupé,
quién te lo peina,
que estás tan bien?

No me lo peina mi madre
ni ninguna peinadora,
que me lo peina mi amant"e
y me lo peina a la moda.

Con peines de oro
me lo peinó,
con las horquillas
lo rizo yo.

La despedida de España

-iAdiós España! -gritó un soldado, al despedirse de su nación-,
iAdiós mis padres, adiós hermanos, adiós Amelía, que yo me voy!
-Vete, soldado, vete tranquilo, vete tranquilo a pelear,
que aquí te espera la que te adora, la que en la vida te ha de olvidar.
Hacía dos años que estaba en Ceuta, cuando una carta él recibió:
era de Amelía, la que le amaba, la que le dice que se casó.
El soldadito, que estaba alegre, al oír esto al suelo cayó,
y una morito que allí estaba y al pobrecito le recogió.
-No tengo padre ni tengo madre, ni tengo hermanos ni tengo amor.
Si tú quieres, nos casaremos, y viviremos juntos los dos.

Hacía tres añ os q u e estaba en Ceuta, cuando otra carta él recibió,
que era de Amel ía, la que le amaba, la que le dice que ya enviudó.
-Tú bien viudita, yo bien casado, con una mora que me apa ñó;
si por desgracia en Ceuta muero, dejo un recuerdo de un fuerte amor.

El atropellado por un tren

Hermosa estación del Norte, qué mala suerte ha tenido;
la máquina de Linares a Pepito le ha cogido.
Cuando el tren iba sereno la máquina se paró,
y el maquinista se apea por ver lo que allí pasó.
El maquinista que vio la vía llena de sangre
fue a dar parte a la estación a que viniera el alcalde.
Ya viene el señor alcalde con toda la policía,
ya viene el señor alcalde para registrar la vía.
Se ponen a registrar con muchísimo cuidado,
cuando vieron a un buen mozo con los dos brazos cortados.
Le meten en la camilla, le llevan al hospital,
y los médicos le dicen: -No te podemos curar.
-Si no me pueden curar, que me peguen cuatro tiros,
que yo no puedo vivir con los dos brazos partidos.
Escribieron una carta a Villarquera, su pueblo,
que venga su padre y madre a ver a su hijito enfermo.
Ya viene su padre y madre, novia y demás familia,
y, al llegar al hospital, estas palabras decían:
-Ay, hijo de mis entrañas, ay, hijo del alma mía,
quién había de decir que en el hospital morías?
La novia que estaba allí, al oír esta disputa,
cayó al suelo desmayada como si estaba difunta.
-Adiós, padre, y adiós, madre, novia y demás familia,
y adiós, hermanos queridos, que yo me quedo sin vida.

La vengadora de su hermana

En la provincia Toledo, en el pueblo Villafuente,
dio muerte a cuatro bandidos esta joven tan valiente.
Escuchen, señores, todo lo que nos dice la plana:

Inés dio muerte a los cuatro por defender a su hermana.
Jóvenes, estar atentos, lo que ahora voy a explicar
de la muerte que la dieron a la inocente Pilar.
El día quince de octubre una boda celebraron
en el pueblo Villafuente, y a Pilar la convidaron.
Estuvieron todo el día divirtiéndose contentos,
y ésta, al volver a su casa, la salieron al encuentro
cuatro jóvenes traidores que su honor quieren robar;
la amenazan con la muerte o su hermosura gozar.
La Pilar les contestó con mucha pena y tristeza:
-Hasta yo no ser casada, no mancharais mi pureza.
-De los cuatro -dice uno-, déjanos darte un abrazo,
y si de ti no gozamos, has de morir a pedazos.
Qué pena y qué dolor causa a la triste Pilar,
con las tristes amenazas que estos bárbaros la dan.
Se ha postrado de rodillas, les ha pedido perdón,
y a Dios le pide llorando que la dé la salvación.
Estos cuatro bandoleros, ciegos y sin corazón
la tiraron por el suelo: no hacen caso del perdón.
Unos tiran de los brazos, otros tiran de las piernas,
/’agarran de los cabellos, la daban contra las peñas.
Ya la pobrecita mártir, tan cansada de sufrir,
dice: – Saciar vuestro antojo y lo que queráis de mí.
Como perros carniceros estos cuatro se agarraron,
y los cuatro gozan d’ella; su cuerpo la destrozaron.
La Pilar grita y lamenta en sus tristes agonías;
decía: -iPadres queridos! iAy, madre del alma mía!
Padres de mi corazón, qué inocentes estarán
de estos trabajos tan grandes y el martirio que me dan.
Viendo los tristes lamentos que en el campo resonaban,
ya a la pobrecita mártir pronto la muerte la daban.
Hicieron lo que quisieron de su cuerpo con presteza,

con un agudo cuchillo la cortaron la cabeza.
Después de pasar dos horas con la mayor libertad,
cogen el cuerpo sangriento y lo llevan a enterrar
en un arroyo profundo que cerca de allí encontraron,
y con las ramas de un árbol allí su cuerpo taparon.
Y, después que la dejaron en el arroyo enterrada,
se dicen unos a otros: -O’esto no se sabrá nada.
Pero la Virgen María, Nuestra Soberana Madre,
no consiente que se salven estos cuatro criminales.
En esta primera parte que acabamos de contar
se ve cómo dieron muerte a la inocente Pilar.
Nos vamos a la segunda, y con acierto y desvelo

se ve que son descubiertos estos cuatro bandoleros.
Por un chico de ocho años, que allí guardaba las cabras,
se fue a casa de sus padres, y los dice estas palabras:
-Yo no sé qué ha sucedido, nada más puedo decir
que a eso de las ocho y media a Pilar la vi venir.
Han llegado cuatro mozos y al encuentro la salieron;
yo la sentía dar voces, pero no sé qué la hicieron.
Tan pronto como su hermana estas palabras ha oído,
para el sitio del suceso ella muy pronto se ha ido.
Ésta coge la pistola como joven más valiente,
y se fue para aquel sitio que a su hermana dieron muerte.
Sigue camino adelante, miró y a nadie veía,
y volvió a pedir valor a la Sagrada María.
Mira por todos los lados, hacia izquierda y a derecha,
y a su hermana pudo ver en su sangre ya deshecha.
Aquí se calma, aunque triste, y se llena de valor;
pide a Dios que la dé acierto y ánimos al corazón.
Como kilómetro y medio se dirigió muy atenta,
y allí vio a los cuatro mozos qu’estaban en una huerta.
La Inés se ha arrimado a ellos, como si a nadie buscaba,
muy alegre y placentera a la ropa los miraba.
Les vio muy llenos de sangre; Inés sufre con valor,
y no demostrando el hecho, les dice con atención.
Y luego, con atención, les pregunta muy atenta,
y les dice a aquellos cuatro si tiene peras la huerta.
La dice que peras tiene, y que la dueña no está.
-Pero si usted quiere peras, aquí se las pueden dar.
-Tomaremos unas peras, luego se las pagaré.
Tornen ustedes dos reales, que es lo que pueden valer.
Todos dicen a una voz: -Aquí no se paga nada,
pero sepa usted que es de los cuatro enamorada.
-Con calma se hacen las cosas, y el tiempo da gusto a todo
y estimando este favor, nunca les dejaré solos.
-Podéis saciar vuestro antojo y gozar de mi presencia;
siendo por una ilusión, se llevará con paciencia.
Se levantó en pie, valiente; dice: -Ya llegó la hora;
y así pagaréis la pena de esta muerte tan traidora
que disteis a la Pilar, que allí tenéis enterrada.
Y ahora os dará la muerte esta vuestra enamorada.
Se ha retirado tres pasos con la pistola en la mano;
al punto les dio la muerte a tres de los inhumanos.
Y al que ha quedado con vida, arrastrando se lo lleva
para que declare el hecho y que el público le vea.
Le toman declaración al punto la autoridad;
declaró según fue el hecho, y a Inés dieron libertad.

El que declaró murió al otro día pasado,
de penas y de congojas, porque ibas a ser sentenciado.
95 Levantan a la Pilar, les entierran todos juntos
y a Inés por nombre la queda la más valiente del mundo.

Rosina encarnada


El enfermo de amor en el hospital

Era una tarde de primavera, 
visitaba un triste hospital,
iba a ver a un amigo querido
que moría de tisis fatal.

Y al entrar en la sala mis ojos
se fijaron en él con dolor,
y vi que moría mi amigo querido,
tísico de amor.

-Yo la muerte la siento y la siento,
y agobiado me veo acabar,
y la tumba me espera y me espera
y es la causa de yo tanto amar.

Ay, que son las flores mi única alegría,
y ellas me recuerdan lo que me decía:
ojos de azucena, labios de clavel,
jardín delicioso y aromas de miel.

La niña comprometida contra su gusto

Una niña en Penaflor se ha ausentado de sus padres
el catorce de septiembre a las cinco de la tarde.
Con mucho dolor, se ausentó de casa;
en casa su tía a contar lo que pasa.
-Mire usted, querida tía, los ratos que estoy pasando;
me quieren amonestar por la Virgen del Rosario.
Su tía la dice, con mucho cariño:
-No vayas a casa, quédate conmigo.
Es preciso tener gasto para celebrar la boda,
convidar a la familia y matar una machorra.
Y para refrescos también hacen falta
confite y almendras, que ya están en casa.
Al otro día siguiente, la familia determina
para celebrar la boda con el que ella no quería.
Pero él, vigilante, por disimular:
-Me falta la novia, que se ha vuelto atrás.
Pero él, machacante, a su casa vuelve,
por ver si a sus padres convencerles puede.
-No me convencen los padres, aunque tienen muchas leyes,
sólo me convence un chico que es de los Carabancheles.
Y el ultramarino se muere de pena
por ver que a su hijo calabazas lleva.
Mocitas que me escucháis, si llegáis a pretender,
pretender por el amor, y no por el interés.
Pues ya veis el caso que a mí me ha ocurrido,
después de hacer gasto, me veo aburrido.

Doña Josefa Ramírez o La vengadora de su novio

A la que es madre del Verbo, María y Señora nuestra,
le pido humilde y postrada, me dé gracia con que pueda
referir a mi auditorio la más infausta tragedia
del infortunado caso que sucedió a una doncella.
Pongan atención señores: En la ciudad de Valencia
nació de muy buenos padres la hermosa doña Josefa.
Apenas cumplió esta niña dieciocho primaveras,
muchos galanes la rondan sus celosías y puertas.
Entre tantos pretendientes /'adoraba muy de veras
un principal caballero, don Pedro de Valenzuela.
Al fin le escribió un billete con sus rendidas ofertas,
mas la dama muy discreta le dijo d'esta manera:
«Ya sabéis como en mi casa soy la única heredera,
y hallo imposible, señor, que mis padres me concedan
que yo con usted me case, mas esta noche a la reja
de mi jardín os aguardo a eso de las diez y media.
Dios os guarde, caballero, quien os estima y venera.
Doña Josefa Ramírez, como humilde esclava vuestra».
(A la cita vienen unos caballeros y le matan. Ella se venga.)
Mañana a la noche habrá una función muy buena
en casa de don Juan Mansilla, porque en su casa se hospedan
dos famosos caballeros naturales de Valencia
y quieren regocijarlos, mas no quieren que se sepa,
porque en Valencia mataron un hombre de grandes prendas.
Tente, imprudente lengua, que no sabes quién te escucha,
porque si sabes quién te escucha, nunca estas cosas dijeras.
(Ella les mata a espada.)
[ ... ] -Que habiendo muerto mi amante,
poco importa que yo muera. Sabed, soy doña Josefa,
aquella a quien agraviasteis en la ciudad de Valencia,
y vengo a toma( las demandas por don Pedro Valenzuela.

Juan y Adela

Juan y Adela se cortejaban,
y hacía cinco años que ellos se amaban.
Juan la quería, ella le amaba;
él, como era un tunante, la engañaba.
El día de su santo la regaló
un corte de vestido de gran valor.
Y por la noche que cortejaba
/a dio un collar de perlas que tanto amaba.
El domingo siguiente fue a cortejar,
pero Juan no tenía ganas de hablar.
-lQué tienes Juan, que estás tan triste?
Si es que tú no me quieres, pues me lo dices.
-Ya no te quiero, no, que quiero a otra
que mis ojos han visto, y es más hermosa.
-Márchate, Juan, tú eres mi muerte;
ya siento sudor frío sobre mi frente.
Su madrecita, la viejecita, la ha cogido en sus brazos,
y hacia la cama la llevaría.
-iQué clara está la noche, cuántas estrellas,
ábreme la ventana que quiero verlasl
-No, hija mía, no, que estás enferma,
y la luz de la noche dañarte pueda.
-Qué oscura está la noche, los rondadores
andarán de cortejo los mis amores.
-Calla, hija querida, no digas eso,
arrima a mí tu cara, te doy u n beso.
-Coge una silla, ponte a mi lado,
que antes de morir quiero darte un encargo.
Si viene Juan a verme después de muerta
no le dejes que pase desde esa puerta.
Y si pasara, y si pasara,
no le dejes que bese mi linda cara.
Vendrán todas las mozas menos Dolores
a poner en mis andas cintas y flores.
Sin ella vendrán todas al cuarto mío
a besar mi rostro pálido y frío.
Y de mortaja me eche la ropa toda,
que tenía preparada para mi boda.
Después de amortajada, aquí en mi cuarto,
quítame los corales que Juan me ha dado,
para que crea, para que crea
de que he muerto queriéndole cuando me vea.
Madre querida, de mis amores,
a mí sólo me basta que tú me llores.
Madre querida, madre, si muero,
yo sin besar tu cinta marchar no quiero.
Dices a Juan que le perdono,
que viva muchos años en matrimonio.
A las seis de la tarde se puso grave,
y al otro día siguiente ya era un cadáver
En la iglesia mayor tocan a muerto;
Juan le dice a Dolores: -Nena, lqué es esto?
-Es por Adela, tu amor primero,
es por tu amiga Adela, que ya se ha muerto.
-(Quién lo pensaba, quién lo creía,
que por mi culpa Adela se moriría?
A las tres de la tarde pasó el entierro;
Juan que estaba a la puerta, se metió dentro,
y sacando el pañuelo se arrodilló
delante de un retrato que ella le dio.
Allí lloró, allí rezó,
delante del retrato que ella le dio.
Después dejó el retrato y fue al cementerio,
y todo el camino iba llorando, iba diciendo:
-Ya no te quiero, Dolores, ya no, mi nena,
que los amores míos, fueron p'Adela.
Toda la gente marcha del cementerio.
Juan, que estaba a la puerta se metió dentro.
Sale el sepulturero compadecido,
y al ver a Juan a la puerta así le ha dicho:
-Márchate Juan, déjala muerta,
que los restos de Adela son pa la tierra.
-Adiós, mis lirios y mis cipreses;
adiós, Adela mía, adiós pa siempre.
-Adiós, mis lirios, mis azucenas,
hasta que un día, en el cielo, allí te vea.
Pide a la Virgen, Adela mía,
que me lleve a mí pronto en tu compañía.
Ya por la tarde Juan se moría;
las campanas del pueblo ya las tañían.
Mirad, mocitos, moza soltera,
quereos siempre bien, como yo a Adela.

Justinita y Redondo

Estaba la Justinita con su Redondo a la puerta;
pasó por allí su padre, la trató de sinvergüenza.
Oh, iqué padre tan cruel! iOh, familia tan ingrata,
que antes de morir su hija, la están haciendo la cajal
La caja era de cristal, los adornos de madera,
que se la hizo Luciano, sin que su padre le viera.
Ya se murió la Justina, la de los ojitos negros,
la que tenía por novio, al mejor mozo del pueblo.
Al entrar al cementerio, Luciano besó la caja;
la ingrata de su familia, la dio siete puñaladas.
Siete puñaladas tiene, y las siete son de muerte.
-Si no me muero esta noche, mañana pasaré a verte.

La intimidadora

Era una tarde d e mayo, cuando el sol ya se ocultaba.
Joselito con Manuela, llenos de amor, paseaban.
La dice: -Mujer hermosa, te tengo un loco querer,
me vas a entregar tu amor; yo nunca te olvidaré.
Pobre Manuela inocente, no debía de saber,
que, en perdiendo la pureza, se la odia a una mujer.
Desde aquel mismo momento, que su pureza entregó,
el amor de Joselito para siempre se acabó.
Es la edad de entrar en quintas y a Burgos viene José,
muy bien preparado y visto, sin pensar en su querer.
Pero en cuanto ella se entera, porque no faltan espías,
que José con dos soldados de vigilancia salía.
Entonces ella se prepara, roba en casa una pistola,

y a buscarle va por Burgos por ver si le encuentra a solas.
-Joselito, Lno te acuerdas, de la noche que decías
«no desconfíes, Manuela, que has de ser esposa mía»?
-Y si conmigo no otorgas, juro que te mataré;
como tú me deshonrastes, así yo me vengaré.
Oh, vanidad de mujer, tu corazón no es cristiano,
vas a buscar a los hombres con la pistola en la mano.

El hijo abandonado y vuelto a reunir con su madre

Una encantadora joven sostenía relación
con un chico postinero que adoraba su pasión.
Al conseguir sus favores, al ver qu' encinta quedó,
trataron de casamiento, pero aquel infame huyó.
Y ella, muy apurada, por fin ya se quedó
llorando desconsolada, porque la honra perdió.
La pobre así decía: -Qué triste porvenir.
[Qué dirá de mí la gente? Yo de vergüenza voy a morir.
Ha pasado cierto tiempo, luz a un niño hermoso dio;
le ha cogido entre sus brazos, y hacia el monte lo llevó.
Se lo dejó en un barranco, envuelto con un pañal,
ocultando su deshonra, esta madre criminal.
Cuando al siguiente día, un pastor que pasó
por aquellas cercanías y a un niño llorando oyó.
Allí, a darle auxilio, emocionado vio
de que era un recién nacido, y hacia su esposa se lo llevó.
El pastor, con alegría, pronto a su casa llegó,
y a su esposa idolatraba y aquel niño la entregó.
Y a la parroquia lo llevan, llenos de gozo los dos,
bautizando al pobre niño, que en sus manos puso Dios.
Cuando llegó a ser mozo, los padres con dulzura,
le dicen si estudiar quiere para carrera de cura.
Le han dado los estudios, loando su intención,
cuando a los veintidós años, llegó a ser cura de la población.
Cuando un día, inesperado, en la iglesia penetró,
tristemente una señora, y al confesor se acercó.
Se arrodilló en el momento; el padre la preguntó:
-Dígame usted sus pecados, para que /'absuelva Dios.
-Padre, tengo una pena, padre, tengo un dolor
y la conciencia me dice, que he sido una criminal.
Hace veintidós años, un hijo abandoné;
no sé si es vivo o si es muerto, y en un barranco allí lo dejé.
Quedó el padre trastornado, sin aliento y sin color;
al oír lo confesado, creyó morir de dolor.
35 -Usted debe ser mi madre. Por lo que se explica usted,
quiso Dios que yo encontrara, la madre que me dio el ser.
-Hijo de mis entrañas, hijo del corazón,

por ocultar mi deshonra, hice yo tan mala acción.
-Madre, yo la perdono, porque comprendo yo
que la culpa no fue suya, sino del hombre que la engañó.

La muchacha engañada

A la edad de quince años, 
cuando yo te conocí,
me pediste relaciones,
y yo te las concedí.

Pedí permiso a mis padres
y me dijeron que no,
más, como yo te quería,
de los dos hice traición.

Pero ahora ya recuerdo
los consejos de mis padres,
porque me veo deshonrada
y sin consuelo de nadie.

Me deshonraste a mí
y a todita mi familia,
y para mayor dolor,
me dejaste una niña.

Las ventanas de tu alcoba
me están diciendo que suba
a dormir contigo en cama
y a gozar de tu hermosura.

La novia abandonada y vengadora

Una joven humilde y hermosa, 
de un joven, ciega se prendó,
y decía con grande locura:
-Ha sido la causa de mi perdición.
Él la decía: -Mi prenda dorada,
yo sin ti no podía vivir,
pues prefiero mil veces la muerte
antes que algún día apartarme de ti.
Y aquella joven humilde y hermosa,
después de conseguir su ilusión,
a ella la pobre y él abandonaba,
y aquella mocita sin honra quedó.
Y sus padres al ver que enfermaba,
su padre a un médico la llevó.
Y el médico a su padre le dice
que estaba en estado y enferma de amor.
Desde entonces, sus padres
la tratan con desprecio, con odio y rencor,
porque dice que fue la deshonra
de la casa humilde del trabajador.
Así fueron pasando los días,
de martirio, de pena y dolor,
hasta que una noche muy silenciosa,
y aquella mocita una niña a luz dio.
Y su padre la echaron de casa,
y aquella mocita sin honra quedó.
Fue caminando por montes y caminos,
hasta que por fin llegó a la
puerta del traidor,
y llamando a la puerta del malvado
y una perra gorda a la pobre la dio.
-Caballero, no pido limosna,
lo que le pido a usted es, por favor,
que me escuche estas pocas palabras
que voy a decirle, le pido por Dios.
-Esta niña que traigo en los brazos
-ella le replicó con desdén-,
pues sabrás que ha venido a este mundo,
y está en este mundo, que es tuya también.
-A ti, chica, yo no te conozco,
ni tampoco sé quién eres tú,
pues sabrás que me voy a casar
con otra más rica y más guapa que tú.
Y la joven, muy enfurecida,
a su hijita en el suelo posó,
y sacando un puñal de dos filos,
a aquel pobre hombre la muerte le dio.
-A la justicia les pido señores,
lo que les pido a usted, por favor,
que me cuiden a esta hija querida,
que no tuvo la culpa de lo que hice yo.

La mendiga deshonrada

Soy una pobre mujer, abandonada y perdida;
no tengo padre ni madre, soy un paria de la vida.
Con dos gemelos en brazos que tengo que mantener,
mendigo de puerta en puerta para ganar qué comer.
Válgame el cielo divino, qué desgraciada nací,
cuando tenía quince años mi pobre madre perdí.
Sirviendo de casa en casa, mijoventud me pasé,
hasta que a un hombre ingrato mi corazón le entregué.
Con promesas y caricias el maldito me engañó,
y cuando vio que era madre, el traidor me abandonó.
El traidor me abandonó, y cuando vio que era madre,
me ha dejado en la miseria abandonada y muerta de hambre.
Se marchó para su pueblo diciendo que iba a arreglar
los papeles y los trajes para podernos casar.
Se han pasado ya unos meses, y el canalla no volvió,
hasta que me he enterado que con otra se casó.
Por el mundo voy errante, sin rumbo ni dirección,
pregonando la desgracia de mi pobre corazón.