REYES Aquí venimos señores dispuestos para cantar la historia de los tres reyes si la quieren escuchar. Salieron tres reis de Europa con alegría y contento por ver si pueden hallar aquel tesoro encubierto aquella divina estrella aquel hermoso lucero aquella luna brillante aquel niño tierno y bello que quita la luz al sol y a la luna pone velo y a las estrellas les quita la luz que arrojan al suelo. Buscando de sierra en sierra buscando de pueblo en pueblo y lo hallaron en Belén en aquel pueblo pequeño. Recogido en un portal casi todo descubierto en las pajas de un pesebre y una mula y un jumento. Guiados por una estrella tres ofrendas le ofrecieron.
El día de Carnaval mucho se tarda en venir para ver a los borrachos de la taberna salir y ay lara… Sale uno y salen dos salen tres y salen cuatro el último es mi marido el jefe de los borrachos ay lara…
El día de San Juan triste no fuiste a la fuguera fuiste ver la penosita que otro galán te la lleva y ay lara…
Las mozas de Vilarbón todas coxean d´un pe y é por culpa del terreno que non poden ponerlo bien. Por allí vai un camino por allí vai un sendeiro, por eiquí vai un camiño dereitiño al fiandeiro. As mozas de Vilanova dicen que non beben viño e debaxo do refaxo levan o xarro escondido.
Aquí venimos señores dispuestos para cantar la historia de los tres reyes si la quieren escuchar.
Salieron tres reis de Europa con alegría y contento por ver si pueden hallar aquel tesoro encubierto aquella divina estrella aquel hermoso lucero aquella luna brillante aquel niño tierno y bello que quita la luz al sol y a la luna pone velo y a las estrellas les quita la luz que arrojan al suelo.
Buscando de sierra en sierra buscando de pueblo en pueblo y lo hallaron en Belén en aquel pueblo pequeño. Recogido en un portal casi todo descubierto en las pajas de un pesebre y una mula y un jumento. Guiados por una estrella tres ofrendas le ofrecieron.
Don Juan vino de muy lejos a casar con doña Laura siete años tuvieron juntos sin tener menos palabra de los siete pa los ocho a son Juan vino una carta que le murieron los padres que se pasase a su casa a recoger sus haciendas que las tenía muy largas.
El día que don Juan marcha doña Laura encintara; nueve meses tuvo Juan sin escribir una carta.
Estaba un día doña Laura en silla de oro sentada haciendo sus varias joyas para la cría que nazca oyó ruido en la calle asomóse a la ventana y vio venir varios coches dirigidos a su casa.
En uno venía don Juan y más gente en su compaña. Bajó a abrazar a son Juan pególa una bofetada tan rigurosa y sangrienta que le ensangrentó la cara. La cogiera entre los brazos y en un cuarto la encerrara. – Te has de estar ahí, traidora, tus culpas fueron la causa.
Todos comen, todos beben y doña Laura encerrada; a eso de la media noche cuchillo de oro afilara para que según pariera la cabeza le cortara. Estando en estas razones llegó un fraire por su casa. – Buenas noches tengas, Juan. – Fraire, vengas noramala. – No se cele usted, don Juan, que esta noche dormí en Francia; vengo a librar una muerte que la veo muy cercana y la van a hacer sin culpa sin culpa y sin tener causa.
Estando en estas razones un niño varón lloraba. Lo coge el fraire en sus brazos, de esta manera le habla: – ¿De quién eres, niño hermoso? Tu padre, ¿cómo se llama? – Mi padre se llama Juan y de apellido Eresara mi padrino es San Antonio y mi madrina es Santa Ana y a mi madre bien la ven que se llama doña Laura.
Por Dios les pido señores que echen a mi madre en cama. En el medio de la sala le hicieron la grande cama. Grandes bodas y bautizos hubiera en aquella casa. – Quédate con Dios mi padre que tu esposa doña Laura que o me voy para los cielos con la gloriosa Santa Ana.
Adiós valle de Ancares adiós te digo, adiós árboles verdes de junto al río la vi llorando. La vi llorando y dije ¿por quién suspiras? – Tengo el amor ausente y estoy llorando la despedida. – La despedida es corta la ausencia larga quiero que te diviertas y no me olvides prenda del alma.
Don Juan iba a la caza, no cazó como solía; en el medio del camino la muerte lo perseguía, el caballo le cansó y el perro cansado iba. Don Juan volvió para casa, más triste que no solía. Llamaron siete doctores, de los mejores que había; todos le eran a decir: "Ese mal de usted no es nada". Aún falta por venir otro doctor de la Altava, que trae el veneno en un dedo y en la lengua se lo echara. Todos le eran a decir: "Ese mal de usted no es nada" no siedo el más chiquitín, que de esta manera le habla: Confésese usted, don Juan, y administre sua alma; tienes tres hora de vida, una y media ya pasada y esta es para despedirse de la gente de mi casa. Yo no siento la mi muerte, aunque la vea cercana, lo que siento es a mi esposa, que joven y encinta estaba. A súa esposa, don Juan, hágale una buena manda. --Yo, mientras mis padres vivan, no le puedo mandar nada, no siendo un anillo de oro que le di de enamorada. Si usted se lo dio de oro, yo se lo he dar de plata. Estando en estas palabras, Berenguenia se llegara. ¿Dónde veis, bien de mi vida, dónde veis, bien de mi alma? Vengo de San Salvador, de oír misa cantada; descalcita de pie y pierna, del cabello esmelenada, le rogara a Dios del cielo que te saque de esta cama. Salirei, bien de mi vida, salirei, bien de mi alma, salirei, bien de mi vida, el lunes por la mañana; verásme llevar a cuatro en un tablero de tabla, las tablas serán de pino y las sábanas de holanda; hallarás las calles tristes y las tus puertas cerradas, los deudores a la puerta pidiéndote las fianzas, te las fiará mi padre, porque de eso ya quedaba. Estando en estas palabras, Berenguenia se desmaya; ni con agua, ni con vino pudieron resucitarla. Sácanle el nene del vientre, parece un rollo de plata; se lo llevan a su padre, que la bendición le echara. La bendición de Dios, hijo, la bendición de Dios valga; tu madre ya se murió, tu padre expirando estaba.
Muerte del príncipe don Juan Versión de Chano
Muy malo se halla don Juan, muy malo se hallaba en cama; mandan llamar siete doctores, los más entendidos de España. Unos le miran el pulso y otros le tentan la barba, y, por no darle más pena, todos dicen que no es nada, sino el doctor más viejo, que todo lo mira y calla. Qué me dice usted, doctor, que todo me mira y calla? Lo que te digo, don Juan, que despongas bien tu alma: tienes tres horas de vida, hora y media ya va enviada, hora y media que te queda, para desponer tu alma. Bien lo oyera el rey su padre de altas torres donde estaba. ¿Qué te pasa, hijo mío, qué te pasa en esa cama? ¿Qué quiere que me pase, padre?, las cosas que Dios nos manda. Lo único que le encargo es a mi esposa doña Juana; de todo lo que le dejo, padre, no le quite nada, si no fueran unos anillos de oro que le di de enamorada. Si tú le diste unos de oro, yo le daré dos de plata. Estando en estas razones, entró la niña a la sala. ¿De ónde venías, mi bien, regalo y bien de mi alma? Vengo de Santo Domingo, de oír misa en Santa Clara, de rogar a Dios del cielo que te saque de esa cama. Ya me sacará, mi bien, regalo y bien de mi alma, ya me sacará mi bien, el lunes por la mañana, con los curas a la puerta diciendo que salga, salga; tú te hallarás aburrida, te hallarás desesperada, tus ventanas tristes, tus puertas cierradas. No tengas pena, mi bien, regalo y bien de mi alma, no tengas pena, mi bien, que 'a quedas bien encargada. Le diera un fuerte accidente, la niña cayó esmayada. Él murió a media noche, la niña por la mañana. Los enterraron los dos en una caja de pino, n'unas sábanas de holanda. Aquí se acaba la estoria, aquí se acaba, se acaba, aquí se acaba la estoria de dos amantes del alma. Las campanas de aquella capital de tal en tal se tañían
Tristes nuevas, tristes nuevas, qué se cuenta por la España? Que el caballero don Juan está malito en la cama; siete doctores le asisten, de los mejores de España, y todos son a decirle que es un mal que no era nada. Ellos que estaban en esto, entra el doctor de las almas, el que nos sabe juzgar las obras buenas y malas. -lDónde vienes tú, mi esposa, dónde vienes tú, mi esclava? -Vengo de San Salvador, de oír la misa rezada, y a Dios le pido de veras te levantes de esa cama. -Sí me levantaré, esposa, sí me levantaré, esclava; y antes del amanecer, y antes de rayar el alba, verás mi cuerpo tendido pidiéndote una mortaja; verás el cura a la puerta, los cófrades con las hachas, me verás echar al hombro, me verás salir de casa, me verás tapar con tierra, tú te volverás po casa, verás mis hijos llorando, y no adelantarás nada. Y esto es la triste vida que un pobre labrador pasa.
caballero don Juan, está malito en la cama; siete doctores le asisten, los mejores de lo España. Unos dicen que se muere, otros dicen que no sana, y otros por complacerle, le dicen que no es nada.
-Me acuso de haber matado a mi hermano; la mitad la comí yo, la mitad la eché al caballo. -Padre mío, no se asuste, que aún no es el mayor pecado: He entrado en una iglesia, robé un cáliz consagrado; he dado tres puñaladas a Jesús sacramentado . . . Bajó una voz del cielo, estas palabras decía: «Que le den la penitencia que tenía merecida». -Métase usted en la boca una velita encendida. -Padre mío, eso es muy poco pa lo que yo merecía. -Métase en una cueva donde hay siete culebras, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .siete cabezas tenía, con las siete le picaban, con las siete le mordían. (Villamuñio)
¡Oh! Virgen de los Remedios, cómo no tienes cuidado
Penitencia del rey don Rodrigo.-Robo del Sacramento Versión de Las Médulas
--Dímelo, buen ermitaño, por Dios y Santa María, si hombre que con mujer peca, si Dios lo perdonaría. --Non siendo primera hermana, Dios se lo perdonaría. --Ésa fue, buen ermitaño, ésa fue desgracia mía. --Si te quieres hacer vela, yo pávilo te pondría. --Yo non me quiero hacer vela, que luego me quemaría. --Si te quiés meter n'un horno, yo leña le metería. --Yo en un horno, non, señor, que luego me quemaría. --Si te quiés meter n'un arca con una serpiente viva, con siete picos picaba, con siete bocas comía. --Yo en el arca, sí, señor, que eso es lo qu'ió merecía. --El bueno del confesor a verlo iba cada día: --¿Cómo te va, penitente, penitente aventajado? --Vaime mal, que la culebra a mis carnes no ha llegado. --¿Cómo te va, penitente, penitente aventajado? --Vaime bien, que la culebra a comerme ha comenzado; ha comenzado a comerme por onde más he pecado.
Penitencia del rey don Rodrigo Versión de Pereda de Ancares
Ahí arriba en aquel alto, n'aquella sierra montina, donde cae la nieve a copos y el agua serena y fría habitaba un armitaño que vida santa facía. Pasó por allí un penitente, si confesarlo podía: si el andar con las mujeres perdón de Dios tendría. --Perdón de Dios sí lo tienes, no siendo hermanas o primas. --¡Ay triste de mí, cuitado, eso es lo que yo tenía; estropié a una hermana e hice parir una prima! --Váyase usté, el penitente, confesarlo no podía. --Bajó una voz del cielo que estas palabras decía: --Déle usted la penitencia según él la merecía: el meterlo en una cueva con una serpiente viva. --El armitaño era bueno, tres veces lo ve al día. De la cintura pa abajo ya comido lo tenía, de la cintura pa arriba muy luego lo comería. ¡Válganos Nuestra Señora y la sagrada María!
Penitencia del rey don Rodrigo-Robo del Sacramento Versión de Guímara
Cuando me parió mi madre, me parió en alta montina, donde cae la nieve a copos, agua menudita y fría, donde canta la culebra, la serpiente respondía. Allí había un ermitaño que él hacía santa vida: --Confiéseme, el ermitaño, confiéseme, por su vida. Diga, diga, el ermitaño, dígamelo, por su vida: el que tiene que ver con mujeres, si tiene el alma perdida. --Él perdida no la tiene, si no es con hermana o prima. --¡Ay de mí, triste y cuetado, de la prima tengo un niño y de la hermana una niña!; confiéseme, el ermitaño, confiéseme, por su vida, y déme la penitencia a sigún la merecía. --Confesar, confesaréte, pero yo no te ausolvía. --Estando en estas razones, bajara una voz de arriba: --Confiéselo, el ermitaño, confiéselo, por su vida, y déle la penitencia a sigún la merecía .--Le metió en un calabozo con una serpiente viva; la serpiente es muy feroz, siete cabezas tenía, y la más pequeña de ellas era el que más le comía. L'ermitaño, compasivo, tres veces lo ve al día: una va por la mañana, otra iba al mediodía, otra va a la media noche, cuando la gente dormía: --¿Cómo te va, el penitente, con tan buena compañía? --A mí me va bien, señor, mejor que yo merecía, que de medio cuerpo abajo ya comido me tenía y de medio cuerpo arriba luego me principiaría; si me quiere ver la muerte, traiga una vela encendida. --Aprisa llegó el ermitaño, el penitente ya morira. Las campanas de aquel pueblo de par en par se tañían por el alma del penitente, que para el cielo camina. ¡Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María!
Penitencia del rey don Rodrigo Versión de Villasecino
--Por Dios te pido, ermitaño, por Dios y Santa María, que me confieses a este hombre que llevo en mi compañía. --Confesar, confesárele, absorverlo no podría, que mató a siete doncellas y una hermana que tenía. Yo le doy tres penitencias, la que él más cumplir qüería: ¿Quieres meterte en el horno?, la leña yo la pondría; si quieres hacerte pábilo, la cera yo la pondría; ¿quieres meterle en la tumba con una serpiente viva? --Yo me meteré en la tumba con mi buena compañía.-- Si es serpiente o no es serpiente, siete cabezas tenía; con todas siete picaba, con todas siete mordía. El bueno del ermitaño tres veces lo visita al día: una vez por la mañana, otra vez al mediodía, otra a la medianoche cuando la sierpe dormía. --¿Cómo te va, penitente, con tu buena compañía? --A mí me va bien, señor, que yo así lo merecía: de la cintura pa abajo sólo lo huesos tenía; ahora me va a las entrañas, que era lo que más sentía. --Al otro día por la mañana las campanitas tocaban a alegría, que el alma del penitente para los cielos camina.
Penitencia del rey don Rodrigo Versión de Láncara, Murias de Paredes, comc. Luna,
Don Rodrigo estaba malo, cama de rosas tenía, la Muerte a la cabecera, ¿qué será o qué sería? --Es la Muerte, don Rodrigo, que a buscarte venía. --Esa Muerte me ha dejar año y medio más de vida. --No te deja, don Rodrigo, hora y media no cumplida. --Al cumplirse la media hora, el confesor pa allá diba. --Ahí quedas, penitente, con una serpiente viva. --¿Cómo te va, penitente, con tan mala compañía? --La compañía buena era, mejor que la merecía. El que quiera ver mi muerte traiga una vela encendida. ¡Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María!
Penitencia del rey don Rodrigo-El Enamorado y la Muerte Versión de Cabornera
Estando yo en la mi cama, despierto, que no dormía, miré para atrás y vi la Muerte en mi compañía: --Preguntarte quiero, Muerte, yo preguntarte quería, los que andan amancebados ¿tienen el alma perdida? --El alma perdida, no, si no es con hermana o prima. --¡Ay de mí, pobre cuitado, pequé con hermana y prima!-- Confiésalo a un confesor por ver lo que le decía. Y el confesor le contesta que absolverlo no podía. Bajó una voz dolorosa, que de los cielos venía: --Déle el castigo, señor, según él lo merecía; mételo en un calabozo con una serpiente viva.-- La serpiente era tan grande que siete bocas tenía, con todas siete picaba, con todas siete mordía. El bueno del carcelero tres veces va a verlo al día: una iba a la mañana y otra iba al mediodía, y otra iba por la noche cuando la gente dormía. --¿Qué tal te va, penitente, qué tal te va, por tu vida? -A mí, bien, gracias a Dios, según yo lo merecía: ya me llega a las entrañas, que era lo que más sentía.
Penitencia del rey don Rodrigo-Robo del Sacramento Versión de Nocedo de Gordón
Por unas vegas abajo, por unas vegas arriba, se pasea un ermitaño que hacía su santa vida: --Por Dios te pido, armitaño, por Dios y Santa María, que me cuentes la verdad y me niegues la mentira: si el que duerme con mujeres tiene el alma perdida.-- El armitaño le responde: --En no siendo hermana o prima. --Esa fue la mi desgracia y ésa fue la mi desdicha, que dormí con una hermana y también con una prima --Oyó una voz dolorosa que de los cielos venía: --Confiésale, el armitaño, y dale la penitencia según él la merecía: Mételo en un calabozo con una serpiente viva. --La serpiente era tan brava que siete bocas tenía, 14 por todas siete picaba, por todas siete mordía. El bueno del armitaño esta devoción tenía, que lo iba a vesitar tres veces todos los días: una diba a la mañana, otra iba al mediodía y otra ya iba a la noche mientras la gente dormía. --¿Cómo te va, el penitente, con tu mala compañía? --De la cintura pa abajo una miaja no tenía; si me quieres ver morir, trae una vela encendida, que ahora me va al corazón, que era lo que más sentía. --Y al decir "Señor, pequé" el corazón le partía.
Estaba un día Gallarda en su ventana florida, vira d´ir un caballero por aquella cuesta arriba. – Sube, caballero, sube que aquí tienes tu dormida, entra las puertas adentro sube la escalera arriba. Al pico de la escalera mira el caballero arriba, vira cien cabezas de hombres colgadas de aquella viga. – ¿Qué es eso, la mi Gallarda, o toda tu gallardía? – Son cabezas de lechones que he colgado de esa viga. La Gallarda hace la cena, caballero no comía; la Gallarda hace la cama, caballero bien venía. Entre sábanas y colchones un puñal de oro escondía, a l´hora de l´alta noche la Gallarda revolvía. – ¿Qué revolves ahí Gallarda o toda tu Gallardía? – Busco una rosarín d´oro que rezártelo quería. – Tu puñal de oro, Gallarda, en mis manos estaría. – Dame, caballero, dame, que a ti non te lo metía. Se lo metió por un costado y al corazón le partía, la sangre de la Gallarda toda la sala cubría. – Abre las puertas portero antes que amanezca el día. – La puerta no te la abro, Gallarda me mataría. – No temas a la Gallarda ni toda tu gallardía, ña Gaññarda queda muerta en la su cama tendida. – Malhaya sea el caballero la madre que lo parira, de cien hombres que han entrado, él solo salió con vida.