
A la romería fui
por bailar y no bailé,
perdí la cinta del pelo,
¡mira lo que yo gané!
Que cuando llueve calzo madreñas,
rugen los clavos sobre las peñas;
sobre las peñas, sobre las rocas,
que cuando llueve calzo galochas.
Perder la cinta del pelo
no te debe entristecer,
que una mujer en el baile
¡qué menos puede perder!
Una jota canté un día
y un galán me la escuchó;
esa jotica, señores,
no la vuelvo a cantar yo.
Debajo de mi ventana
tres arbolitos planté:
un romero y un olivo y un
“jamás te olvidaré”.
Ahora va la despedida,
y con ésta se acabó,
que se cansan los que bailan
y también me canso yo.






