El gallo – Domingo Gordo

El Domingo Gordo
matamos un tordo,
el Domingo Ramos
le pelamos
y el día Pascua
le cenamos.

Gradefes

El domingo Gordo
matamos un tordo,
el Domingo Ramos
le pelamos
y el Domingo Pasquilla
hacemos una tortilla.

Sahechores


El Domingo Gordo
matamos un tordo,
el Domingo Ramos
le pelamos
y el día Pascuilla
lo echamos en la escudilla.

San Bartolomé de Rueda

El Domingo Gordo
matamos un tordo,
el Domingo Ramos
le pelamos
y el día Pasquilla
le hacemos en una tortilla.

Villacidayo

Por estas puertas entramos
dispuestos para cantar,
si usted nos da el aguinaldo
ahora vamos a empezar.

No queremos la morcilla
ni tampoco el farinato,
que queremos longanizas
tan largas como el mi brazo

Valdealcón

Domingo de Carnaval
de gitana me vestí
y en un gran salón de baile
a mi novio perseguí.

Gitana mía, gitana,
gitana mía, por Dios,
echa la buenaventura,
la suerte que tengo yo.

No te cases con la rubia,
que serás un desgraciao;
cásate con la morena,
que serás afortunao.

Yo me caso con la rubia
aunque sea un desgraciao
y me dejo la morena
aunque sea afortunao.

Carbajal

https://funjdiaz.net/folklore/pdf/rf462.pdf

Una de las diversiones infantiles más populares que existía en muchos pueblos leoneses durante los días de Carnaval era la que llamaban «El gallo». Esta fiesta está especialmente recogida en la Montaña, sobre todo en las comarcas de Babia y Laciana. Sobre ella escribieron autores como Restituto Martínez, Modesto Medina

Para celebrar «El gallo» los maestros, en vísperas de Carnaval, clasificaban a sus discípulos con arreglo al adelanto de cada uno en sus estudios. Al primero de la clase se le nombraba rey, al segundo general, al tercero coronel, y así sucesivamente hasta llegar al cabo. Los más atrasados y los más pequeños eran considerados como soldados rasos. El papel de abanderado le solía corresponder a uno de los mayores, aunque fuese de los más atrasados. En las niñas solo había las distinciones de reina y princesa. Las familias de los niños se encargaban de engalanarlos con la indumentaria propia de su categoría.
En Llombera (Ayuntamiento de La Pola de Gordón, Montaña Central), un niño hacía de abanderado y otro portaba un hierro asador, para ensartar en él los torreznos y las cosas pinchables que les entregaran los vecinos. Estos actores principales se adornaban con gorros de papel con colgantes de papelines multicolores.
El oficio del tesorero lo ejercía el alférez y las niñas llevaban cestas donde recogían los huevos
que les regalaran.
La mañana del Domingo Gordo (anterior al martes de Carnaval) se reunía la tropa infantil en la escuela. Los altos cargos y oficiales portaban espadas y los soldados llevaban escopetas; armas todas de madera, construidas porel carpintero del pueblo. Los niños formaban y entonces se presenta a el rey, constituyendoeste uno de los momentos más importantes de la fiesta. La tropa presentaba armas, el maestro se descubría y el monarca dirigía unas palabras a la tropa y al vecindario expectante:

Yo soy el rey de esta tropa,
y soy el rey encoronado;
no lo digo por España
ni por la gente que traigo,
que aunque son de edad menor,
son muy valientes soldados,

que tienen mucho valor
para mendrugos y tragos.


Otra versión era:

Yo soy el famoso rey
entre todos coronados,
pongo mi corona y cetro
como el rey ha señalado.
Y si no lo hace así
como yo lo he mandado,
que le corten la cabeza
con cuchillos afilados.


La gente se retiraba a sus casas y los niños comenzaban la ronda por el pueblo, pidiendo de puerta en puerta. Muchos eran los versos que cantaban los rapaces, y solían ser iguales para todas las casas:

Aquí estamos a esta puerta
dispuestos para cantar;
nos den pronto la limosna,
pues queremos caminar.
Buenos días, señor…
buenos días tenga usted,
aquí traigo mi bandera

que me ha prestado el rey
En estas puertas estamos
dispuestos para cantar,
darnos licencia, señores,
que queremos empezar.


Al sacerdote le dirigían salutaciones como las siguientes:

Buenos días, señor Cura,
de la casa rectoral,
que venimos a pedir
para el día Carnaval.
Buenos días, señor Cura,
buenos días, don…
que venimos a pedir
a la casa rectoral.


En otros saludos se asocia la petición:


Estas puertas son de pino,
las aldabas de nogal,
aquí vive un tabernero
que nos puede convidar.
Estas puertas son de pino,
las aldabas de cristal,
aquí vive un señor Cura
buen torrezno nos pué dar.

 
Cada personaje que desfilaba por el pueblodurante la postulación tenía su papel y lo mostraba en sus cantares específicos. Así, decía el capitán:

Capitán soy de armas
y primo de un general;
cien batallas he ganado
a fuerza de pelear.
De un soplo maté cien hombres,
de un estornudo un lugar,
de un puntapié derribé
una muy fuerte ciudad.
Las plazas y los castillos
todos los hice temblar;
sólo un gallo me da guerra
y a ese le tengo [de] matar.
A la punta de mi espada
vivo le tengo de asar;
para que no se nos queme
un torrezno me ha de dar.
Soy el capitán del gallo
y aquí traigo mi asistente,
para registrar a las mozas
que están malitas del vientre.


El alférez que llevaba una bandera (a veces con un gallo dibujado en ella) cantaba estos versos:

Yo soy alférez mayor
de los niños de la escuela,
si no lo quieren creer

aqui traigo mi bandera
Que la gané en Cataluña,
siendo soldado en la guerra.
Hace veinticinco años
que no he vuelto a esta tierra
hasta que el rey no lo ha mando

Esta bandera de letras,
principio de nuestro amparo:
sabiendo un hombre leer
en cualquiera parte es guapo.
Dejemos uno por otro;
vamos a lo que hace el caso,
a lo que somos venidos.
Señoras, vayan cortando
buenas lonjas de tocino
y de longaniza un palmo,
para que mis compañeros
las fuerzas vayan cobrando.


El Alcalde decía:


Alcalde soy por este año;
nadie se meta conmigo,
que por medio de la vara
tengo hacer un desatino
de huevos y torreznos
y de jarricas de vino.


El Obispo también tenía su parte:


Soy obispo con corona,
de Roma traigo licencia,
pa casar y descasar
a los viejos y a las viejas.

Y los soldados entonaban versos como los siguientes:

Soldados del requité
somos los que aquí venimos,
en busca de los cipayos [= huevos]
que usted tenga por los nidos.
Estamos tan inrritados

contra tales enemigos
... ... ....
Municiones no tenemos,
dénos usted un chorizo,
que nos sirva de cartucho,
y de metralla tocino.
Y luego si nos descargan
una granada de vino,
verá si somos valientes
y qué tal lo resistimos.
Darnos huevos o torreznos
o dinero para pan,
para sostener la gente
que tray nuestro capitán.


Otros versos singulares los cantaban personajes diferentes, así por ejemplo un niño que
llevaba un cesto y un zurrón:

Por torpe y desaplicado
me han nombrado huevero,
que con el fucico espurrido
[= hocico alargado o estirado]
olfateo el ponedero.


Otro, que era sacristán, le cantó al señor Cura, lo siguiente:

Míreme usted, señor Cura,
mejorado en mi destino,
de sacristán que lo era
en general efectivo.
Y hasta podía aparecer un gato:
Yo soy el gato murón,
el que mura los ratones,
los pequeños se me marchan,
y los grandes se me esconden.


Hay estrofas alusivas al gallo que, en ocasiones, llevaban durante la postulación:

Gente noble, gente noble,
gente de mucho dinero,
fuimos a jugar a España,
perdimos la mitad de ello,
y con la otra mitad
compramos un gallo negro.
El gallo tenía una falta,
que se nos venía muriendo.
Salga usted, señora, salga
si quiere ver al enfermo,
lo visitó el cirujano,
nada más falta el barbero.


Uno de la tropa se asomaba a la ventana y decía a los otros:

Alegraos, compañeros;
que ya la veo venir
con el torrezno en la mano
y huevos en el mandil.


Entre los cantares figuraban varios dedicados a las dueñas de las casas que se negaban a dar algo y que solían ser los más celebrados por el público. Por ejemplo:

Esta tía regañona
que vive en ese rincón
tiene una cazcarria al sayo
que la pesa un cuarterón.


Una vez recorrido el pueblo y considerado que se había recolectado lo suficiente para la fiesta, los rapaces se despedían con coplas como ésta:

Muchas gracias, la señora
la madre que la parió,
con el bien que Dios le ha dado
con sus hijos repartió.


Lo que ganaban los niños lo dedicaban a una merienda, que celebraban bien ese mismo domingo o el Martes de Carnaval. En Llombera adelantaban la postulación al jueves anterior al Domingo Gordo, ya que la
gente subía del mercado de La Pola y siempre podría mostrarse más dadivosa. Las casas a las que se pedía se llamaban «nidos», y de ahí que hubiera expresiones como ésta: «aún quedan por visitar dos nidos». Lo recaudado se guardaba hasta el Domingo Gordo, en que se hacía una comilona, siendo los niños mayores los encargados de elaborarla


El Domingo Gordo por la tarde, los niños «corrían el gallo», juego que consistía en enterrar vivo un ejemplar de esta clase, dejando solamente la cabeza a ras de suelo. Se vendaba a los niños por turno, empezando por el rey y se les hacía dar varias vueltas para desorientarles, quedando luego en libertad para ir en busca del
animal. Quien matara al gallo de un golpe certero con su arma, lo había ganado. Guzmán Álvarez en El habla de Babia y Laciana, cuando se refiere a las costumbres del pueblo de Quintanilla de Babia, señala la costumbre de los niños (rapaces) de disfrazarse por Carnaval e ir pidiendo por las casas huevos, torreznos o incluso dinero. A continuación incluye estos canticos de postulación:
Aiquí estamos lus rapaces,
venimus a vesitales;
y cumu ya nun son días
ŝesdamus las buenas tardes.

--------
A la siñura de casa
decimus cun atención:
cuecha el cuchieŝuna manu
ya diríjase al jamón.

---------------------
Denus guevus ya turrenus,
nun se ŝeulvide el jamón
ya dineiru para vinu
ya faemus una función.


---------------------------
De esas gaŝinas pechesas,
que tiene pur el curral,
tantus guevus cumu ponen,
sáquenus mediu cuartal.
*** *** ***
Siñor mayestru querido:
sigún reparte chuletas
distribuya entre nusoutrus
siquiera cinco pesetas.

------------

Siñur alcalde mayor:
venimus un regimientu
capaces de cunquistar
lus fondus del intamientu».

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Con el dinero que recaudaban compraban un gallo y lo enterraban:«…deixiandu ver sólu la cabeza, véndase lus guechus ya con unas espadas de madera van a daŝe hasta que lu matam. El gaŝu ya toulu demás guísanŝelu nuna casa ya cénanlu»
.

Este juego de enterrar al gallo en el suelo y convertirlo en víctima propiciatoria era lo que se llama «palo al gallo» en algunas localidades de Babia. En ella participaba también los mozos o incluso la gente mayor. «El animal se enterraba dejando sólo visible su cabeza. A los participantes, armados con un palo, se les vendaba los ojos y para provocar su desorientación se les hacían dar vueltas sobre sí mismos en la
línea de salida. Ganaba el que lograse matar al gallo y el gallo era su premio» Las costumbres de Quintanilla de Babia, nos indica que por Carnaval los mozos se revisten en grupos de dos o tres y portando una escoba y una vara van por las casas haciendo bromas, como comprobar que los hornos están limpios, les dan torreznos, que luego guisan las mozas y los comen conjuntamente, haciendo baile toda la noche.


Una costumbre antigua de las aldeas de Laciana era la «del Gallo»,
Se celebraba en invierno, cuando había nieve abundante. Consistía en enterrar un gallo en la nieve, dejándole la cabeza al descubierto. Los mozos con los ojos tapados y una espada en la mano, arrancando desde cierta distancia, tenían que tratar de cortarle la cabeza de un sablazo. Después para terminar la fiesta, se reunían a cenar el gallo.


Estigachxuvaumusenxaulalu
médicus ya ciruxanus
dixenunquinun tiene rimediu
rimediu, si non matalu»


Otra diversión que tenía al gallo como víctima era la que consistía en atar a uno o más gallos a un tronco de árbol y matarlos disparándoles con una escopeta.
En Palacios del Sil se trataba de una fiesta invernal (casi siempre por Navidad) y cuando lo permitían las nevadas. Se conocía como «el tiru al gatson» (el tiro al gallo) y se desarrollaba de esta manera: dos mozos compraban el mejor gallo que encontraban y lo ataban a un tuero de un castañal, en el puente del Río Palacios, y desde una distancia de cien varas o un poco más le disparaban con una escopeta, al parecer no era fácil acertarle y hasta los mejores tiradores fallaban varias veces. participaban tanto los mozos como los viejos y el que lo mataba se quedaba con él.
En Toreno, el juego consistía en poner, sucesivamente, cuatro o seis gallos atados a un palo y les disparaban con una escopeta o cartucho de posta desde una cierta distancia. En él participaban tanto solteros como casados y se celebraba al terminar el concejo del segundo domingo de Pascua.

Por lo que se refiere a las «carreras de gallos», éstas tuvieron cierto arraigo en pueblos del sur de la provincia de León, en la Ribera del Órbigo (Llamas, Secarejo, Sardonedo,…) y en la Vega del Esla (Villademor de la Vega). Consistían en colgar a uno o más gallos de una cuerda a cierta altura y los participantes, a lomos de caballos a galope, trataban de arrancarles el cuello y el que lo conseguía se quedaba con el gallo. En Villademor de la Vega recogimos el siguiente testimonio de algunas personas que recordaban cómo había tenido lugar este tipo de juegos: El segundo día de la fiesta de San Antón se hacía la ‘corrida de patos’, en realidad eran pollos o gallinas de corral lo que se colgaba de una cuerda y lo último que ponían era un ganso, que tiene el pescuezo más fuerte…eran los vecinos los que lo daban, a los que se pedían por las casas. Se ataban en una cuerda que estaba a uno y otro lado de la calle, enfrente de la ermita de las Angustias, los mozos pasaban a caballo e intentaban descabezar a los pollos y al ganso. La fiesta de San Antón era importante en Villademor de la Vega y según nos contaron había tres días de celebración, con baile y hoguera el día 17 de enero por la noche; los danzantes se disfrazaban y había unos personajes (los birrias) que iban con una careta y pegaban a las gentes por las calles.

En la llamada Venta de Peñicas en la carretera de Galicia y a un kilómetro escaso de Astorga, de vez en cuando se celebraban corridas de gallos y cintas, que atraen a ese sitio a una numerosa y animada concurrencia».
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https://funjdiaz.net/folklore/pdf/rf462.pdf

Aguinaldo del domingo de carnaval

Danos güevos y torreznos o dinero para pan
para mantener la gente
que trae nuestro capitán
yo soy el alferez mayor
de los niños de la escuela
si no lo quieren creer
aqui traigo mi bandera

que la gané en cataluña
siendo soldado de guerra
aquí viene el señor juez
varita en la mano
a tomar declaración
del torrezno que ha faltado
...
Esa tia remolona que vive en ese rincón
trae una.......que pesa uncuarterón

Tenga cuidado señora
no se le escape el cuchillo
que para cortar un dedo
y la riña su marido.

Muchas gracis tenga usted...
...... ...

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