El día de San Silvestre (31 de diciembre) se reunían los mozos en el café; en esa reunión veían cuántas mozas había en el pueblo y las sorteaban, entre ellos («a ti, fulana; a ti, la otra…»), estableciendo parejas según el azar de la suerte. Una de las manifestaciones más primitivas de estos emparejamientos de mozas y mozos, que convivían en promiscuidad fuera del matrimonio desde mayo hasta San Miguel, eran las ceibas de la comarca leonesa deLa Cabrera, tanto la Alta como la Baja; Y, en Gradefes, una vez hechos los emparejamientos de mozas y mozos por sorteo, estos últimos salían a rondarlas por el pueblo, con el tamboril y la gaita; a esta ronda nocturna se la conocía con la expresión de «salir a dar las novias»; cada mozo tenía que mostrar especial protagonismo, acompañado por los demás, cuando la ronda llegaba ante la casa de la moza que le había tocado en suerte como pareja. Y cuando, en ronda, «salían a dar las novias», los mozos solían entonar este característico cantar, en el que se cambiaban los nombres de la moza y el mozo según la ocasión:
A María le daríamos,
le daríamos,
por esposo le daríamos,
le daríamos,
A Juan le daríamos,
le daríamos.
Si no lo queréis creer
el domingo lo veréis,
en el sombrero una rosa
por su querida esposa
y en el sombrero un clavel
por su querida mujer.
Tras pasarse toda la noche de ronda, por la mañana de madrugada, ya en fecha de Año Nuevo, iban a misa primera, la de las seis, al convento de las monjas cistercienses, situado en el pueblo. Por la tarde, cada moza tenía que llevar a su casa a merendar al mozo que la había tocado en el sorteo de emparejamiento celebrado en San Silvestre y tenía que procurar ser complaciente con él; merendaban chorizo, jamón queso… («de lo de casa» nos dicen), además de la bebida.
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