La fuga de la malcasada. Una casada afligida – Lario

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Una casadina bella       con un oficio notable,
estaba empañando un niño con rostro sereno y grave.
Las palabras que decía ablandaban a una madre:
—Más quisiera, hijo mío que yo no fuera tu madre,
ya que desde tierna edad se me murieron mis padres,
quedé en poder de una tía y al tiempo de llamar madre,
tanto me quiso en extremo que tuvo prócuro darme,
un mozo galán y guapo alto y de lindo linaje,
como no era de mi agrado no pude afición tomarle.
Toma marido este niño y arróllale porque calle
y si ves que tardo un poco marido tú no te enfades,
que es afán de las mujeres el tener que hacer bastante.
—Vete a la cama, mujer que no quiero que trabajes,
que para eso tengo hacienda pa sostenerte bastante.
—La hacienda también se acaba no habiendo quien la trabaje.
Se metiera pa su cuarto y empezara a remirarse,
pusiera rico coleto rico pantalón velarte,
un sombrero de tres vientos y un espadín elegante
y ya cuando estaba en esto llamó a la puerta otro amante,
la cogiera de a caballo y caminan para Alicante.
—Adiós casa donde nací donde murieron mis padres,
donde yo perdí la honra donde mi desgracia nace.
Madres las que tengáis hijas no las caséis al delaire,
yo por no casarme a gusto ella el amor lo que hace,
marcharme con otro hombre dejando a mi hijo y su padre.

DELGADINA El seductor de su hija

El seductor de su hija. Delgadina – Lario

Un rey tenía tres hijas
las tres como una granada,
la más pequeñina de ellas
Delgadina se llamaba.
—Delgadina, Delgadina
tú has de ser mi enamorada.
—No lo querrá Dios del cielo
ni la Virgen Soberana,
que yo sería la mujer
del padre que me engendrara.
El padre lleno de ira
de esta manera le hablara:
—Se lo diré yo a tu madre
y verás te castigara.
«entró donde estaba la reina y dijo:»
—Has de saber mi esposa
lo que tenéis en tu casa,
que tu hija Delgadina
quiere ser mi enamorada.
La reina con gran descoque
en un cuarto la encerraba
y le daba de comer
tocino y vaca salada
y le daba de beber
del agua de una pescada.
Delgadina con la sed
se asomara a una ventana,
viera a sus tres hermanitos
jugando con oro y plata.
—Por Dios os lo pido infantes
que hermanos no os llamara,
por uno de vuestros pajes
me enviéis una jarra de agua.
—No la beberás, endina,
no la beberás, malvada,
que la reina antes que muera
quiere ser nuestra madrastra.
Delgadina con la sed
se asomara a otra ventana,
viera a su madre la reina
bordando paños de Holanda.
—Por Dios te lo pido, reina
que madre no te llamara,
por uno de vuestros pajes
me enviéis una jarra de agua.
—No la beberás, endina,
no la beberás, malvada,
que hace siete años y va pa ocho
que me tienes malcasada.
Delgadina con la sed
se asomara a otra ventana,
viera a su padre el mal rey
por los campos de Granada.
Delgadina no tiene sed
Delgadina no quiere agua,
a los pies de Delgadina
nace una fuente muy clara
y a la cabecera tiene
a la Virgen Soberana
y la cama de su padre
de demonios rodeada.

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Tres hijas tenía el rey,
todas tres como la plata;
la más pequeñina de ellas
Delgadina se llamaba.
Un día al salir pa’ misa
su padre la reparaba:
– Delgadina, Delgadina,
tú has de ser mi enamorada.
– No lo quiera el Rey del Cielo
ni la Virgen soberana,
que hijas con padres se casen
saliendo de sus entrañas.
¡Alto, alto, mis criados!
A Delgadina encerrarla
en un cuarto muy oscuro
en donde no vea nada.
La agarran por los cabellos,
para un cuarto la arrastraran,
y le daban de comer
pescado y agua salada.
Y al cabo de siete años
el cuarto se hizo ventanas;
pasan días, vengan días,
se ha asomado a una ventana,
donde estaban sus hermanas
bordando paños de plata.
– Hermanas, porque lo sois
salidas de unas entrañas,
por favor de Dios os pido
que me deis un vaso de agua.
– Yo bien te lo diera, hermana,
pero si padre lo sabe,
la cabeza nos cortara.
Se quitó la Delgadina
muy triste y desconsolada;
pasen días, vengan días,
se ha asomado a otra ventana,
en donde estaba su madre
peinando a las sus hermanas.
– Madre, porque lo es usted,
que salí de sus entrañas,
por favor de Dios os pido
que me dé usté’ un vaso de agua.
– Quítate de ahí, Delgadina,
quítate de ahí, perra mala,
que si tuviera un puñal
desde aquí te atravesara.
Se quitó la Delgadina
muy triste y desconsolada;
pasen días, vengan días,
se ha asomado a otra ventana,
donde estaban los criados
jugando al juego de barra.
– Criados, porque lo sois,
somos de la misma casa,
por favor de Dios os pido
que me deis un vaso de agua.
[…]
Se quitó la Delgadina
muy triste y desconsolada;
pasen días, vengan días,
se ha asomado a otra ventana,
donde estaba su padre
en silla de oro sentado.
– Padre, porque lo es usted,
que salí de sus entrañas,
por favor de Dios os pido
que me dé usté’ un vaso de agua.
– Sí que te lo alcanzaré
si has de ser mi enamorada.
– Padre mío, lo seré
aunque sea de mala gana.
– ¡Alto, alto, mis criados!
A Delgadina darle agua.
Unos van con jarros de oro
y otros con jarros de plata;
mas por mucho que corrieron,
Delgadina muerta estaba.
A los pies de Delgadina,
una fuente que manaba
por un lado echaba vino,
por el otro echaba agua.
El primero que llegase
la vida tiene ganada,
y el último que llegase
la vida tiene jugada.
En la cama de sus hermanas
una serpiente estirada,
en la cama de los criados
una culebra enroscada,
en la cama de sus padres
todo el infierno se hallaba,
la cama de Delgadina
toda de gloria rodeada
AUDIO PRIORO
AUDIO PALACIOS DEL SIL_-_Delgadina.ogg
AUDIO ARGOVEJO_-_Delgadina.ogg
AUDIO CORDIÑANES DE VALDEON https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00421_02_-_Delgadina.ogg
AUDIO VAL DE SAN LORENZO Fundación Joaquín Díaz – ATO 00115 21 – Delgadina.ogg
AUDIO PALACIOS DEL SIL Fundación Joaquín Díaz – ATO 00463A 01 – Delgadina.ogg
Un rey tenía tres hijas, y las tres como tres damas;
la más pequeñita d’ellas Delgadina se llamaba.
La dijo su padre un día: -Y has de ser mi enamorada.
-No lo quiera Dios del cielo ni la Virgen soberana,
ser yo mujer de mi padre, madrastra de mis herma nas.
-Y altos, altos, los mis pajes, y a Delgadina encerrarla.
No me la deis de comer no siendo cosa salada
ni tampoco de beber, no siendo agua de retama.
Y a ese otro día a la mañana, se ha asomado a la ventana .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Alcanzó a ver a su hermana:
-Y hermana de los mis ojos, hermana de mis entrañas,
por Dios te pido un favor, que me des un vaso de agua.
-Si mi padre lo supiera, el pescuezo me cortara.
(Y) ese otro día a la mañana se ha asomado a la ventana.
Alcanzó a ver a su padre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
-Ay, padre de los mis ojos, ay, padre de mis entrañas,
por Dios le pido un favor, que me dé usted un vaso de agua.
-Hija, sí te le daré, (pero) has de ser mi enamorada.
Y a ese otro día a la mañana, Delgadina muerta estaba,
y a los pies de Delgadina y había una fuente muy clara,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . de ángeles arrodeada