-Me acuso de haber matado a mi hermano;
la mitad la comí yo, la mitad la eché al caballo.
-Padre mío, no se asuste, que aún no es el mayor pecado:
He entrado en una iglesia, robé un cáliz consagrado;
he dado tres puñaladas a Jesús sacramentado . . .
Bajó una voz del cielo, estas palabras decía:
«Que le den la penitencia que tenía merecida».
-Métase usted en la boca una velita encendida.
-Padre mío, eso es muy poco pa lo que yo merecía.
-Métase en una cueva donde hay siete culebras,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .siete cabezas tenía,
con las siete le picaban, con las siete le mordían. (Villamuñio)
¡Oh! Virgen de los Remedios, cómo no tienes cuidado |
Penitencia del rey don Rodrigo.-Robo del Sacramento
Versión de Las Médulas
--Dímelo, buen ermitaño, por Dios y Santa María,
si hombre que con mujer peca, si Dios lo perdonaría.
--Non siendo primera hermana, Dios se lo perdonaría.
--Ésa fue, buen ermitaño, ésa fue desgracia mía.
--Si te quieres hacer vela, yo pávilo te pondría.
--Yo non me quiero hacer vela, que luego me quemaría.
--Si te quiés meter n'un horno, yo leña le metería.
--Yo en un horno, non, señor, que luego me quemaría.
--Si te quiés meter n'un arca con una serpiente viva,
con siete picos picaba, con siete bocas comía.
--Yo en el arca, sí, señor, que eso es lo qu'ió merecía.
--El bueno del confesor a verlo iba cada día:
--¿Cómo te va, penitente, penitente aventajado?
--Vaime mal, que la culebra a mis carnes no ha llegado.
--¿Cómo te va, penitente, penitente aventajado?
--Vaime bien, que la culebra a comerme ha comenzado;
ha comenzado a comerme por onde más he pecado.
Penitencia del rey don Rodrigo
Versión de Pereda de Ancares
Ahí arriba en aquel alto, n'aquella sierra montina,
donde cae la nieve a copos y el agua serena y fría
habitaba un armitaño que vida santa facía.
Pasó por allí un penitente, si confesarlo podía:
si el andar con las mujeres perdón de Dios tendría.
--Perdón de Dios sí lo tienes, no siendo hermanas o primas.
--¡Ay triste de mí, cuitado, eso es lo que yo tenía;
estropié a una hermana e hice parir una prima!
--Váyase usté, el penitente, confesarlo no podía.
--Bajó una voz del cielo que estas palabras decía:
--Déle usted la penitencia según él la merecía:
el meterlo en una cueva con una serpiente viva.
--El armitaño era bueno, tres veces lo ve al día.
De la cintura pa abajo ya comido lo tenía,
de la cintura pa arriba muy luego lo comería.
¡Válganos Nuestra Señora y la sagrada María!
Penitencia del rey don Rodrigo-Robo del Sacramento
Versión de Guímara
Cuando me parió mi madre, me parió en alta montina,
donde cae la nieve a copos, agua menudita y fría,
donde canta la culebra, la serpiente respondía.
Allí había un ermitaño que él hacía santa vida:
--Confiéseme, el ermitaño, confiéseme, por su vida.
Diga, diga, el ermitaño, dígamelo, por su vida:
el que tiene que ver con mujeres, si tiene el alma perdida.
--Él perdida no la tiene, si no es con hermana o prima.
--¡Ay de mí, triste y cuetado,
de la prima tengo un niño y de la hermana una niña!;
confiéseme, el ermitaño, confiéseme, por su vida,
y déme la penitencia a sigún la merecía.
--Confesar, confesaréte, pero yo no te ausolvía.
--Estando en estas razones, bajara una voz de arriba:
--Confiéselo, el ermitaño, confiéselo, por su vida,
y déle la penitencia a sigún la merecía
.--Le metió en un calabozo con una serpiente viva;
la serpiente es muy feroz, siete cabezas tenía,
y la más pequeña de ellas era el que más le comía.
L'ermitaño, compasivo, tres veces lo ve al día:
una va por la mañana, otra iba al mediodía,
otra va a la media noche, cuando la gente dormía:
--¿Cómo te va, el penitente, con tan buena compañía?
--A mí me va bien, señor, mejor que yo merecía,
que de medio cuerpo abajo ya comido me tenía
y de medio cuerpo arriba luego me principiaría;
si me quiere ver la muerte, traiga una vela encendida.
--Aprisa llegó el ermitaño, el penitente ya morira.
Las campanas de aquel pueblo de par en par se tañían
por el alma del penitente, que para el cielo camina.
¡Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María!
Penitencia del rey don Rodrigo
Versión de Villasecino
--Por Dios te pido, ermitaño, por Dios y Santa María,
que me confieses a este hombre que llevo en mi compañía.
--Confesar, confesárele, absorverlo no podría,
que mató a siete doncellas y una hermana que tenía.
Yo le doy tres penitencias, la que él más cumplir qüería:
¿Quieres meterte en el horno?, la leña yo la pondría;
si quieres hacerte pábilo, la cera yo la pondría;
¿quieres meterle en la tumba con una serpiente viva?
--Yo me meteré en la tumba con mi buena compañía.--
Si es serpiente o no es serpiente, siete cabezas tenía;
con todas siete picaba, con todas siete mordía.
El bueno del ermitaño tres veces lo visita al día:
una vez por la mañana, otra vez al mediodía,
otra a la medianoche cuando la sierpe dormía.
--¿Cómo te va, penitente, con tu buena compañía?
--A mí me va bien, señor, que yo así lo merecía:
de la cintura pa abajo sólo lo huesos tenía;
ahora me va a las entrañas, que era lo que más sentía.
--Al otro día por la mañana las campanitas tocaban a alegría,
que el alma del penitente para los cielos camina.
Penitencia del rey don Rodrigo
Versión de Láncara, Murias de Paredes, comc. Luna,
Don Rodrigo estaba malo, cama de rosas tenía,
la Muerte a la cabecera, ¿qué será o qué sería?
--Es la Muerte, don Rodrigo, que a buscarte venía.
--Esa Muerte me ha dejar año y medio más de vida.
--No te deja, don Rodrigo, hora y media no cumplida.
--Al cumplirse la media hora, el confesor pa allá diba.
--Ahí quedas, penitente, con una serpiente viva.
--¿Cómo te va, penitente, con tan mala compañía?
--La compañía buena era, mejor que la merecía.
El que quiera ver mi muerte traiga una vela encendida.
¡Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María!
Penitencia del rey don Rodrigo-El Enamorado y la Muerte
Versión de Cabornera
Estando yo en la mi cama, despierto, que no dormía,
miré para atrás y vi la Muerte en mi compañía:
--Preguntarte quiero, Muerte, yo preguntarte quería,
los que andan amancebados ¿tienen el alma perdida?
--El alma perdida, no, si no es con hermana o prima.
--¡Ay de mí, pobre cuitado, pequé con hermana y prima!--
Confiésalo a un confesor por ver lo que le decía.
Y el confesor le contesta que absolverlo no podía.
Bajó una voz dolorosa, que de los cielos venía:
--Déle el castigo, señor, según él lo merecía;
mételo en un calabozo con una serpiente viva.--
La serpiente era tan grande que siete bocas tenía,
con todas siete picaba, con todas siete mordía.
El bueno del carcelero tres veces va a verlo al día:
una iba a la mañana y otra iba al mediodía,
y otra iba por la noche cuando la gente dormía.
--¿Qué tal te va, penitente, qué tal te va, por tu vida?
-A mí, bien, gracias a Dios, según yo lo merecía:
ya me llega a las entrañas, que era lo que más sentía.
Penitencia del rey don Rodrigo-Robo del Sacramento
Versión de Nocedo de Gordón
Por unas vegas abajo, por unas vegas arriba,
se pasea un ermitaño que hacía su santa vida:
--Por Dios te pido, armitaño, por Dios y Santa María,
que me cuentes la verdad y me niegues la mentira:
si el que duerme con mujeres tiene el alma perdida.--
El armitaño le responde: --En no siendo hermana o prima.
--Esa fue la mi desgracia y ésa fue la mi desdicha,
que dormí con una hermana y también con una prima
--Oyó una voz dolorosa que de los cielos venía:
--Confiésale, el armitaño,
y dale la penitencia según él la merecía:
Mételo en un calabozo con una serpiente viva.
--La serpiente era tan brava que siete bocas tenía,
14 por todas siete picaba, por todas siete mordía.
El bueno del armitaño esta devoción tenía,
que lo iba a vesitar tres veces todos los días:
una diba a la mañana, otra iba al mediodía
y otra ya iba a la noche mientras la gente dormía.
--¿Cómo te va, el penitente, con tu mala compañía?
--De la cintura pa abajo una miaja no tenía;
si me quieres ver morir, trae una vela encendida,
que ahora me va al corazón, que era lo que más sentía.
--Y al decir "Señor, pequé" el corazón le partía.


