--De cara miro a Sevilla, de cara miro a Granada. ¡De esa ciudad de Burgos vengan tres y vengan cuatro, venga ese don Manuel que es gran hombre de a caballo! Bien lo oyera don Manuel, de altas torres ha bajado. ¡Aprisa, aprisa, la ropa y aprisa, aprisa el calzado, y aprisa, aprisa, la silla para ensillar el caballo!-- Cuando se estaba vistiendo la sangre le caía a arroyo de las heridas viejas que aún no le habían curado. Cuando llegó al campo allí estaba el mal moro, que lo estaba esperando. ¿Quieres pelear a pie, a pie o a caballo? A pie no, perro moro, a pie no, que estoy malo. Tira el moro la su lanza, don Manuel, como es ligero, muy pronto se desviara. Tira don Manuel la suya, la tiró como arrabiando; le cortara pecho y brazo y el gabardón del caballo. Le cortara la cabeza y al buen rey se la ha llevado. Aquí le traigo, buen rey, aquí le traigo un regalo: la cabeza del mal moro que le venía desafiando. Muchas gracias, Manuel, de tres hijas que yo tengo una andará a tu mandado.
Allí viene un perro moro a todos desafiando, ya tiene los dientes romos de morder a los cristianos. –¡Oh Valencia, oh Valencia ! primero fuiste de moros que de cristianos ganada, y mañana a esta hora serás de moros tomada. Ese rey el gran vesir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . le he de cortar la cabeza, le he de tirar por la barba, y su hija doña Antonia ha de ser mi enamorada, y su mujer doña Juana tiene que hacerme la cama.
–Bien lo oyera el rey gran vesir de altas torres donde estaba. –Antoñita de mi vida, Antoñita de mi alma, ese moro que ahí viene deténmelo de palabra, las palabras sean pocas, pero de amores cercanas. –¡Ay padre de la mi vida, ay padre de la mi alma!, yo de eso nada sabía, yo de eso no sé nada.– –¿Quién es ese caballero que pasaba y no me hablaba? Si no fuera por un poco, me arrojo de esta ventana: –Arrójese, la señora, yo la cogeré en mi capa. –¿Qué traía, el caballero, pa regalar a la dama? –Yo traigo un anillo de oro en la punta de mi lanza; mujer que tenga este anillo nunca morirá encintada, hombre que tenga esta espada nunca morirá en campaña. –Siete años había, siete, que por ti no me peinaba. –Otros tantos hay, señora, que por ti no quito barba. ¿Me lo dice de mentira o lo armas de maraña?
El moro que reta a Valencia Versión de Chano
--De cara miro a Valencia, de cara miro a Granada, de cara miro a Valencia, ¡oh, Valencia valenciana!, primero fuistes de moros que de cristianos ganada; antes de mañana a estas horas, de moros seréis tornada. Ese rey don Cibre lo he de arrastrar por la barba; su hija María Antonia ha de ser mi enamorada; su mujer doña Jemena es la que hace la cama. -Antoñica de mi vida y Antoñica de mi alma, ese moro que ahí viene detenéimelo en palabras; las palabras sean pocas, pero de amores cercana. --Dígame usted, (padre,) algo de amores que 'o de amores no sé nada. --¿Quién es ese caballero que pasaba y no me habla? Hay siete años para ocho que 'o por él no me peinaba. --Otros tantos hay, señora, que 'o por usted no quité barba. --¿Y qué traía el galán pa regalar a la dama? --Un anillo en la punta de su lanza, que hombre que lo tuviera nunca morirá en campaña y mujer que lo tuviera nunca morirá encintada. Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba. --Los caballos del rey mi padre, que relinchan por la cebada. --Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba. --Las armas del rey mi padre, que un chico las meneaba. --Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba. --Anda, moro, y vete y no me digas que soy falsa, que el traidor del rey mi padre ensillaba y encabalga. --Tanto le doy que ensille como que encabalga, si él no tiene caballería que alcanz' a mi yegua baya, 28 si no fuera un potrozuelo moro que se perdió por esta montaña. --Ese potrozuelo moro mi padre le da cebada.-- Deja los caminos anchos y se va por las aradas. Pega voces al barquero que le prepare la lancha. El barquero, como amigo, muy pronto la preparara. Donde Baya saca el pie, Babieca mete la pata. --¡Oh, qué malo es el hijo que a su madre maltrataba! --¡Oh, qué mala es la madre que a su hijo no le aguarda! --No tengo miedo a la muerte, aunque la veo cercana, ni tengo pena por mi esposa, anque me queda embarazada, no siento más por mi yegua baya, que me queda entre cristianas.
El moro que reta a Valencia Versión de Trascastro
--¡Oh Valencia, oh Valencia, oh Valencia valenciana!, antes fuestes de moros que de cristianos ganada, y mañana, a estas horas, de moros serás cercada. Y a ese señor rey Guil le he de arrastrar por la barba, y su esposa doña Inés nos tendrá que hacer la cama. --Vete, vete, Antoñica,detéme ese caballero, detémelo con palabras, --¿Quién es ese caballero, que pasaba y no me hablaba? 10 Van siete años para ocho, que por él no me peinaba. --Otros tantos van, señora, no quito pelo ni barba. ¿Qué es ese ruido, señora, que por su palacio anda? --Son los pajes del rey mi padre que están echando cebada. Y ese caballero que ahí va, ¿no lleva nada para dar a esta dama? --Sí, llevo un anillo en la punta de mi espada; el hombre que lo tuviera nunca morirá en campaña, y la mujer que lo tuviera nunca morirá encintada. ¿Qué es ese ruido, señora, que por su palacio anda? --Anda, marcha, perro moro, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . que . . . . . . . . . . . . mi padre ya encinchara y engalvara. --Déjalo que encinche, encinche, déjalo que engalve, engalve, que a mi yegua no hay n'el mundo caballo que la alcance; nada más que un potrezuelo que lo perdí en la campaña. --Ese potrezuelo, moro, mi padre le da cebada. --Donde la yegua quita el pie, el potro pone la pata. El moro da voces al barquero que le prepare la barca. Y el barquero, como amigo, la tenía preparada. --¡Oh mala ye(n)a sus hijos que a su madre maltrataban! --¡Oh mala ye(n)a sus madres que a sus hijos abandonaran!
El moro que reta a Valencia Versión de Cabornera
Velo, velo viene el moro, ya viene por la calzada, viene tirando a los bolos, viene jugando a la barra. --¡Oh Valencia valenciana, del mal fuego seas quemada, primero has sido de moros que de cristianos ganada! --Hija de mi alma, asómate a esa ventana y ese moro que ahí viene entreténmelo en palabras, mientras ensillo a Babieca y aguzo la azagaya. --Bien venido seas, morico. --Bien hallada, la cristiana. --Siete años diba, morico, que mi pelo no peinaba. --Otros tantos, la señora, que mi barba no quitaba. --Si no fuera por matarme, me arrojaba 'esta ventana. --Arrójese, la señora, que la pararé en mi capa. --Marcháte, moro, marcháte, no te digas que soy falsa, que está ensillando Babieca y aguzaba la azagaya. --No me da más que la agucen, que la dejen de aguzar, que un caballo que yo tengo ninguno le ha de alcanzar, no siendo un hijo suyo que por estas tierras no sabe andar.