Don Juan iba a la caza, no cazó como solía; en el medio del camino la muerte lo perseguía, el caballo le cansó y el perro cansado iba. Don Juan volvió para casa, más triste que no solía. Llamaron siete doctores, de los mejores que había; todos le eran a decir: "Ese mal de usted no es nada". Aún falta por venir otro doctor de la Altava, que trae el veneno en un dedo y en la lengua se lo echara. Todos le eran a decir: "Ese mal de usted no es nada" no siedo el más chiquitín, que de esta manera le habla: Confésese usted, don Juan, y administre sua alma; tienes tres hora de vida, una y media ya pasada y esta es para despedirse de la gente de mi casa. Yo no siento la mi muerte, aunque la vea cercana, lo que siento es a mi esposa, que joven y encinta estaba. A súa esposa, don Juan, hágale una buena manda. --Yo, mientras mis padres vivan, no le puedo mandar nada, no siendo un anillo de oro que le di de enamorada. Si usted se lo dio de oro, yo se lo he dar de plata. Estando en estas palabras, Berenguenia se llegara. ¿Dónde veis, bien de mi vida, dónde veis, bien de mi alma? Vengo de San Salvador, de oír misa cantada; descalcita de pie y pierna, del cabello esmelenada, le rogara a Dios del cielo que te saque de esta cama. Salirei, bien de mi vida, salirei, bien de mi alma, salirei, bien de mi vida, el lunes por la mañana; verásme llevar a cuatro en un tablero de tabla, las tablas serán de pino y las sábanas de holanda; hallarás las calles tristes y las tus puertas cerradas, los deudores a la puerta pidiéndote las fianzas, te las fiará mi padre, porque de eso ya quedaba. Estando en estas palabras, Berenguenia se desmaya; ni con agua, ni con vino pudieron resucitarla. Sácanle el nene del vientre, parece un rollo de plata; se lo llevan a su padre, que la bendición le echara. La bendición de Dios, hijo, la bendición de Dios valga; tu madre ya se murió, tu padre expirando estaba.
Muerte del príncipe don Juan Versión de Chano
Muy malo se halla don Juan, muy malo se hallaba en cama; mandan llamar siete doctores, los más entendidos de España. Unos le miran el pulso y otros le tentan la barba, y, por no darle más pena, todos dicen que no es nada, sino el doctor más viejo, que todo lo mira y calla. Qué me dice usted, doctor, que todo me mira y calla? Lo que te digo, don Juan, que despongas bien tu alma: tienes tres horas de vida, hora y media ya va enviada, hora y media que te queda, para desponer tu alma. Bien lo oyera el rey su padre de altas torres donde estaba. ¿Qué te pasa, hijo mío, qué te pasa en esa cama? ¿Qué quiere que me pase, padre?, las cosas que Dios nos manda. Lo único que le encargo es a mi esposa doña Juana; de todo lo que le dejo, padre, no le quite nada, si no fueran unos anillos de oro que le di de enamorada. Si tú le diste unos de oro, yo le daré dos de plata. Estando en estas razones, entró la niña a la sala. ¿De ónde venías, mi bien, regalo y bien de mi alma? Vengo de Santo Domingo, de oír misa en Santa Clara, de rogar a Dios del cielo que te saque de esa cama. Ya me sacará, mi bien, regalo y bien de mi alma, ya me sacará mi bien, el lunes por la mañana, con los curas a la puerta diciendo que salga, salga; tú te hallarás aburrida, te hallarás desesperada, tus ventanas tristes, tus puertas cierradas. No tengas pena, mi bien, regalo y bien de mi alma, no tengas pena, mi bien, que 'a quedas bien encargada. Le diera un fuerte accidente, la niña cayó esmayada. Él murió a media noche, la niña por la mañana. Los enterraron los dos en una caja de pino, n'unas sábanas de holanda. Aquí se acaba la estoria, aquí se acaba, se acaba, aquí se acaba la estoria de dos amantes del alma. Las campanas de aquella capital de tal en tal se tañían
Tristes nuevas, tristes nuevas, qué se cuenta por la España? Que el caballero don Juan está malito en la cama; siete doctores le asisten, de los mejores de España, y todos son a decirle que es un mal que no era nada. Ellos que estaban en esto, entra el doctor de las almas, el que nos sabe juzgar las obras buenas y malas. -lDónde vienes tú, mi esposa, dónde vienes tú, mi esclava? -Vengo de San Salvador, de oír la misa rezada, y a Dios le pido de veras te levantes de esa cama. -Sí me levantaré, esposa, sí me levantaré, esclava; y antes del amanecer, y antes de rayar el alba, verás mi cuerpo tendido pidiéndote una mortaja; verás el cura a la puerta, los cófrades con las hachas, me verás echar al hombro, me verás salir de casa, me verás tapar con tierra, tú te volverás po casa, verás mis hijos llorando, y no adelantarás nada. Y esto es la triste vida que un pobre labrador pasa.
caballero don Juan, está malito en la cama; siete doctores le asisten, los mejores de lo España. Unos dicen que se muere, otros dicen que no sana, y otros por complacerle, le dicen que no es nada.
--De cara miro a Sevilla, de cara miro a Granada. ¡De esa ciudad de Burgos vengan tres y vengan cuatro, venga ese don Manuel que es gran hombre de a caballo! Bien lo oyera don Manuel, de altas torres ha bajado. ¡Aprisa, aprisa, la ropa y aprisa, aprisa el calzado, y aprisa, aprisa, la silla para ensillar el caballo!-- Cuando se estaba vistiendo la sangre le caía a arroyo de las heridas viejas que aún no le habían curado. Cuando llegó al campo allí estaba el mal moro, que lo estaba esperando. ¿Quieres pelear a pie, a pie o a caballo? A pie no, perro moro, a pie no, que estoy malo. Tira el moro la su lanza, don Manuel, como es ligero, muy pronto se desviara. Tira don Manuel la suya, la tiró como arrabiando; le cortara pecho y brazo y el gabardón del caballo. Le cortara la cabeza y al buen rey se la ha llevado. Aquí le traigo, buen rey, aquí le traigo un regalo: la cabeza del mal moro que le venía desafiando. Muchas gracias, Manuel, de tres hijas que yo tengo una andará a tu mandado.
Día de todos los Reyes, primera fiesta del año, todas damas y doncellas al rey piden aguinaldo, a no ser doña María, que a la puerta se ha quedado. -¿Qué pides, doña María, qué pides por aguinaldo? -Yo lo que pido, buen rey, que me ha de ser otorgado, si ‘o pedía la cabeza del maestro de Santiago. -Las cabezas de hombres buenos no se dan por aguinaldo. -¡Aprisa, aprisa, mis criados, y aprisa van degollarlo! -Le han cortado la cabeza y a María la entregaron. María, c’aquella rabia, a los perros la ha tirado. Los perros, con ser perros, la llevaron al sagrado; con las patas, sepultura, con la boca, la enterraron.
Hoy es el día de los Reyes, un día muy señalado, y entre damas y doncellas, el rey pedía aguinaldo: —No pido oro ni plata, ni tampoco el aguinaldo, solo pido la cabeza del mayestro Santiago. —Se nos dan o no nos dan, eiquí no nos deteñan, que te’mos muito cantar, de por vida baila della, de por vida baila dél, juntamente con él van.
Allí viene un perro moro a todos desafiando, ya tiene los dientes romos de morder a los cristianos. –¡Oh Valencia, oh Valencia ! primero fuiste de moros que de cristianos ganada, y mañana a esta hora serás de moros tomada. Ese rey el gran vesir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . le he de cortar la cabeza, le he de tirar por la barba, y su hija doña Antonia ha de ser mi enamorada, y su mujer doña Juana tiene que hacerme la cama.
–Bien lo oyera el rey gran vesir de altas torres donde estaba. –Antoñita de mi vida, Antoñita de mi alma, ese moro que ahí viene deténmelo de palabra, las palabras sean pocas, pero de amores cercanas. –¡Ay padre de la mi vida, ay padre de la mi alma!, yo de eso nada sabía, yo de eso no sé nada.– –¿Quién es ese caballero que pasaba y no me hablaba? Si no fuera por un poco, me arrojo de esta ventana: –Arrójese, la señora, yo la cogeré en mi capa. –¿Qué traía, el caballero, pa regalar a la dama? –Yo traigo un anillo de oro en la punta de mi lanza; mujer que tenga este anillo nunca morirá encintada, hombre que tenga esta espada nunca morirá en campaña. –Siete años había, siete, que por ti no me peinaba. –Otros tantos hay, señora, que por ti no quito barba. ¿Me lo dice de mentira o lo armas de maraña?
El moro que reta a Valencia Versión de Chano
--De cara miro a Valencia, de cara miro a Granada, de cara miro a Valencia, ¡oh, Valencia valenciana!, primero fuistes de moros que de cristianos ganada; antes de mañana a estas horas, de moros seréis tornada. Ese rey don Cibre lo he de arrastrar por la barba; su hija María Antonia ha de ser mi enamorada; su mujer doña Jemena es la que hace la cama. -Antoñica de mi vida y Antoñica de mi alma, ese moro que ahí viene detenéimelo en palabras; las palabras sean pocas, pero de amores cercana. --Dígame usted, (padre,) algo de amores que 'o de amores no sé nada. --¿Quién es ese caballero que pasaba y no me habla? Hay siete años para ocho que 'o por él no me peinaba. --Otros tantos hay, señora, que 'o por usted no quité barba. --¿Y qué traía el galán pa regalar a la dama? --Un anillo en la punta de su lanza, que hombre que lo tuviera nunca morirá en campaña y mujer que lo tuviera nunca morirá encintada. Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba. --Los caballos del rey mi padre, que relinchan por la cebada. --Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba. --Las armas del rey mi padre, que un chico las meneaba. --Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba. --Anda, moro, y vete y no me digas que soy falsa, que el traidor del rey mi padre ensillaba y encabalga. --Tanto le doy que ensille como que encabalga, si él no tiene caballería que alcanz' a mi yegua baya, 28 si no fuera un potrozuelo moro que se perdió por esta montaña. --Ese potrozuelo moro mi padre le da cebada.-- Deja los caminos anchos y se va por las aradas. Pega voces al barquero que le prepare la lancha. El barquero, como amigo, muy pronto la preparara. Donde Baya saca el pie, Babieca mete la pata. --¡Oh, qué malo es el hijo que a su madre maltrataba! --¡Oh, qué mala es la madre que a su hijo no le aguarda! --No tengo miedo a la muerte, aunque la veo cercana, ni tengo pena por mi esposa, anque me queda embarazada, no siento más por mi yegua baya, que me queda entre cristianas.
El moro que reta a Valencia Versión de Trascastro
--¡Oh Valencia, oh Valencia, oh Valencia valenciana!, antes fuestes de moros que de cristianos ganada, y mañana, a estas horas, de moros serás cercada. Y a ese señor rey Guil le he de arrastrar por la barba, y su esposa doña Inés nos tendrá que hacer la cama. --Vete, vete, Antoñica,detéme ese caballero, detémelo con palabras, --¿Quién es ese caballero, que pasaba y no me hablaba? 10 Van siete años para ocho, que por él no me peinaba. --Otros tantos van, señora, no quito pelo ni barba. ¿Qué es ese ruido, señora, que por su palacio anda? --Son los pajes del rey mi padre que están echando cebada. Y ese caballero que ahí va, ¿no lleva nada para dar a esta dama? --Sí, llevo un anillo en la punta de mi espada; el hombre que lo tuviera nunca morirá en campaña, y la mujer que lo tuviera nunca morirá encintada. ¿Qué es ese ruido, señora, que por su palacio anda? --Anda, marcha, perro moro, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . que . . . . . . . . . . . . mi padre ya encinchara y engalvara. --Déjalo que encinche, encinche, déjalo que engalve, engalve, que a mi yegua no hay n'el mundo caballo que la alcance; nada más que un potrezuelo que lo perdí en la campaña. --Ese potrezuelo, moro, mi padre le da cebada. --Donde la yegua quita el pie, el potro pone la pata. El moro da voces al barquero que le prepare la barca. Y el barquero, como amigo, la tenía preparada. --¡Oh mala ye(n)a sus hijos que a su madre maltrataban! --¡Oh mala ye(n)a sus madres que a sus hijos abandonaran!
El moro que reta a Valencia Versión de Cabornera
Velo, velo viene el moro, ya viene por la calzada, viene tirando a los bolos, viene jugando a la barra. --¡Oh Valencia valenciana, del mal fuego seas quemada, primero has sido de moros que de cristianos ganada! --Hija de mi alma, asómate a esa ventana y ese moro que ahí viene entreténmelo en palabras, mientras ensillo a Babieca y aguzo la azagaya. --Bien venido seas, morico. --Bien hallada, la cristiana. --Siete años diba, morico, que mi pelo no peinaba. --Otros tantos, la señora, que mi barba no quitaba. --Si no fuera por matarme, me arrojaba 'esta ventana. --Arrójese, la señora, que la pararé en mi capa. --Marcháte, moro, marcháte, no te digas que soy falsa, que está ensillando Babieca y aguzaba la azagaya. --No me da más que la agucen, que la dejen de aguzar, que un caballo que yo tengo ninguno le ha de alcanzar, no siendo un hijo suyo que por estas tierras no sabe andar.
El cura está malo, muy malito en cama, a la medianoche llamó a la criada. ¿Qué quiere mi amo que tanto me llama? Hazme el chocolate. –Pero no hay agua. Coge el cantarito y vete a buscarla. El pozo está hondo, la soga no alcanza. Tengo yo aquí un pedazo que te da dos cuartas.– Al llegar al pozo le picó una rana, le picó con gusto, le picó con gana. A los siete meses barriguita hinchada; a los nueve meses parió la criada, trajo un chiquitín con cuello y sotana.
El cura está malo, malito en la cama, y a la medianoche llama a la criada. --¿Qué ten, señor cura, que tanto me llama? --Fáime un chocolate. --Ya no tengo agua. --Coge el cantarillo y vete a buscarla.-- --El pozo está hondo, la soga no alcanza. --Tengo yo aquí una que pasa de a cuarta.-- En el medio del pozo le picó una rana, le pica con gusto y también con gana. A los cinco meses la barriga hinchaba, y a los siete meses ya le rebrincaba, a los nueve meses pare la criada, trajo un chavalín con capa y sotana. --Échalo a la inclusa. --No me da la gana, tengo yo dos pechos [como dos manzanas], que me manan leche como el río agua.-- Aquí termina la historia del cura y la criada.
El cura está malo, malo en la cama. A la medianoche, llamó (a) la criada: --¿Qué quiere mi amo, que tanto me llama? --Quiero chocolate y una taza de agua. --Chocolate, sí, pero no hay agua. --Coge el cantarillo y vete a buscarla.-- Y llegó a un pozillo, le picó una rana. A los cinco meses barriguita hinchada; a los nueve meses parió la criada y trajo a un chiquillo con capa y sotana. De nombre le pusieron . . . . . . . . . . . . . . . .