Vengo de Villarrodrigo
pisando los arenales
sólo por estar contigo,
rosita de los rosales.

Por esta calle viene agua
por la otra agua viene;
cuando las aguas se juntan
!qué harán los que bien se quieren!.

Esta calle está empedrada,
la piedra la traje yo;
la piedra ya se conoce,
pero tus amores no.

Algún día fue tu calle
carretera para mí;
ahora se me hace una cuesta
que no la puedo subir.

Mañana por la mañana
te levantas la primera
que la sortija de plata
a la ventana te queda.

Si dejo de ser soldado,
mañana por la mañana
marcharé para mi tierra
a platicar con mi dama.

A platicar con mi dama
y a conversar con mi amor.
Ábreme la puerta, niña;
la puerta o el cuarterón.

La puerta y el cuarterón
ni se cierra ni se abre;
soy doncella con honor
y el honor es lo que vale.

Por tu calle voy entrando,
resalada prenda mía,
por tu calle voy entrando,
despierta si estás dormida.

Despierta si estás dormida,
que dormida no estarás,
porque los enamorados
duermen un sueño no más.

Jardinera, jardinera,
jardinerilla de amor,
si usted me diera licencia
para cortar una flor...
Por no cortar una flor
se la pido al amor mío,
que de rosas del amor
hay rosales bien floridos.

Aquella señora
que está en el balcón
con los ojos me hace señas
y me roba el corazón.
Quien fuera soldado
de su batallón.

Con la trenza de tu pelo
tengo de hacer un cordón
para ponérmelo al cuello
y colgar de él el reloj.
Y ponérmelo al reloj
y quitarle la cadena,
que me sirva de cadena,
que me sirva de recuerdo
cuando yo vaya a la guerra.

Cásate, niña, temprano
no hagas tú lo que la rosa
que al andar de mano en mano
se marchita y se deshoja.
Cásate, niña, a gusto,
no estés penando
que el disgusto de un padre
no dura un año.

Cuando venga de la guerra,
niña, ya te habrás casado,
pero sí te acordarás
de los ratos que te he amado

A tu puerta estuve anoche,
tres veces toqué al candado;
niña, pa tener amores
tienes el sueño pesado.

A tu puerta estamos cuatro,
todos cuatro te queremos,
salga la niña a escoger;
los demás nos marcharemos.

Tus amores y los míos
no se tienen que olvidar,
han nacido al mismo tiempo
para morir a la par.

Princesita, tú solita
reinas en mi corazón;
si yo reinara en el tuyo
mi dicha fuera mayor.

Por una perla brillante
paseo la calle angosta
y ahora me dicen tus padres
que te quieren meter monja.

A orillas del mar nací
y una concha fue mi cuna;
si no me caso con Concha
no quiero mujer ninguna.

Tienes un hoyo en la barba
que te sirve de mesón,
a todos les das posada
menos a mi corazón.

Desde que te vi te amé;
me pasa que ha sido tarde,
me pasa que no te amé
en el vientre de tu madre.

Eres rubia como el sol
cuando del oriente sale,
y blanca como la nieve
antes de pisarla nadie.

Considero que estarás
en la cama y no durmiendo;
estarás considerando,
en el amor que te tengo.

Tengo de pasar el puerto,
el puerto de Guadarrama,
tengo de pisar más nieve
que de arenas tiene el agua

Después de haberle pasado
y haber pisado la nieve
ya no me quiere mi novia
mi novia ya no me quiere.

En el túnel del arroyo
hay un hermoso quinqué
que estando la noche oscura
todo el arroyo se ve.

A tus puertas, sol dorado,
puse la mano en la nieve
vale más tu linda cara
que cuanto tus pies tienen.

Tienes una cinturita
que anoche te la medí
con vara y media de cinta
catorce vueltas la di.

Tienes una cinturita
que parece contrabando,
yo como contrabandista
por ella vengo penando.

En tu puerta tropecé
y a tu ventana caí
de las rejas me agarré,
dispensa si te ofendí.

Anoche a tu ventana
tres arbolitos planté;
un esparto y un olivo
con un naranjal al pie.

El esparto que me aparto,
el olivo que te olvido,
el naranjal que me pesa
de haber hablado contigo.

Dices que no me quieres,
yo también te digo
que te quiera la madre
que te ha parido.

Anoche soñaba yo
que dos negros me robaban,
eran tus hermosos ojos
que con ansia me miraban.

Pensando en ti me dormí
retrato del mismo cielo,
desperté, me hallé sin ti;
me eché a llorar sin consuelo.