Allá va la despedida
y ahora remato y concluyo:
es tanto lo que te quiero
que mi corazón es tuyo.
Dios te conserve y te guarde
chocolate de mi vida.
Los curas en los entierros,
cuando van sin chocolate
dicen que es un disparate
y la mañana perdida;
y cantan como becerros:
dies ire, dies ira.
