Fierra las madreñas altas,
mocina, que eres pequeña;
tienes mucha vanidad,
no tienes donde métela.

— Caíste, rapaz, caiste.
— Con harto pesar mío ,
—¿A qué dominios perteneces?
— A los de Riocastrillo.

si hablar con otro te veo,
ya puedes arrodillarte
y apriesa rezar el credo.
Vamos a Le ó n , niña,
vamos a L e ó n ,
que en la catedral tienes
la luna y el sol.
Comiste los cachelos,
comístelos sin sal;
Filomena del alma,
tú me quieres matar.
¿Por qué te sequeste,
demofio de palero,
por qué te sequeste
estando al pie del reguero?
Cuatro pies tien el llobo,
cuatro la lloba;
cuatro la llagartija,
dos la palomba.
Pantorrillas de estopa,
patas de alambre,
cuerpo de llonganiza,
tú no sos naide.

Trampas, trampas A z a d ó n ,
cepas, cepas Sacarejo,
en Villarroquel cuatro ojos,
n'Espinosa los cuberos.
Tente firme, Mataluenga
que Espinosa ya cayó
y Santiago está temblando
del susto que se llevó.

A quererte empiezo
por la cabeza
que es el trono m á s alto
de tu belleza.
Dejo tu cabeza
voy a tu frente
que parece un lucero
resplandeciente.
Es tu frente espaciosa
campo de guerra
donde tu amor y el mío
fuertes pelean.
Dejo tu frente
voy a tus cejas
que parecen dos arcos
de las iglesias.
Dejo tus cejas
voy a tus ojos
que parecen luceros
de tan hermosos.
Tienes unos ojitos
que no son ojos,
que son quitapesares
de mis enojos.
Dejo tus ojos
voy a tu nariz
que parece el piquito
de la perdiz.
Dejo tu nariz,
voy a tus labios
que parecen dos hilos
de tan delgados.
Es tu boca graciosa
rosa a medio abrir
con más gracia que flores
dan mayo y abril.
T u pecho de alabastro
con su blancura