´N esos montes de allí arriba
caminaba don García
en busca de la su esposa:
tres días va que no la vía.
– Voy en casa de mi madre,
por ver lo que me decía:
¿Habéis visto, la mi madre,
habéis visto, madre mía?
¿Habéis visto la mi esposa,
la mi esposa, prenda mía?
– Por aquí pasó ayer tarde,
más vale que no la vía,
calzada iba de oro,
vestida de plata fina,
vihuela de oro en sus manos
y muy bien que la tañía,
y en el reclamo decía:
“Muera, muera don García”.
– Voy en casa de mi suegra,
por ver lo que me decía,
que las suegras pa’ las nueras
nunca muy bien se querían:
¿Habéis visto, la mi suegra,
habéis visto, suegra mía?
¿Habéis visto la mi esposa,
la mi esposa, vuestra hija?
– Por aquí pasó ayer tarde,
más vale que no la vía,
[trescientos perros moros
llevaba en su compañía,]
calzada iba de oro,
vestida de plata fina,
vihuela de oro en sus manos
y muy bien que la tañía,
y en el reclamo decía:
“Viva, viva don García”.
Estando en estas razones
ha marchado don García;
se montara ’n el caballo,
dejó d’ andar y corría;
también s’ había acordado
de tocar una bocina:
veinte leguas en contorno
la había oído la niña.
– Descanso pido, señores,
que yo me encuentro rendida.
Pusiéronse a merendar
al pie de una fuente fría.
– ´Scanciador que escancias vino,
´scanciador de cada día,
¿le puedes guardar un vaso
pa’l que toca la bocina?
– Si es tu primo o es tu hermano,
dos o tres le guardaría.
– Ni es mi primo ni es mi hermano;
marido, no lo tenía.
Estando en estas razones,
ha llegado don García.
– Buenas tardes, los señores.
– Bienvenido el caballero.
¿En ancas de su caballo
nos puedes pasar la niña?
– Mi caballo no consiente
mujeres de honra perdida.
– Tan honradica la hallemos,
tan honradica venía;
tan honradica la hallemos
’n esos montes de allí arriba;
la llevamos por esposa
para el rey de Turquesía.
– Pasen, pasen los señores,
que yo pasaré la niña.
La montara ’n el caballo,
dejó de andar y corría.
Uno de los moros perros
de esta manera decía:
– Danos, danos el vestido,
ya que no nos das la niña.
– Ni vos pued’ dar el vestido,
ni vos puedo dar la niña;
y si pasáis más alante,
vos tengo quitar la vida
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