Una fatal ocasión – Caldevilla y Soto de Valdeón
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Por aquellos prados verdes por aquellas praderías,
bajaba la Miolinesa mi Dios qué bien parecía.
Con el vuelo de las sayas todas las flores cogía
mirara a un lado y a otro por ver si alguien la veía,
solo la vio un caballero traidor que la perseguía.
—¿Dónde va la Miolinesa dónde va la prenda mía?
—Voy a la boda de un primo que casarse pretendía.
—Casarémonos los dos iremos en compañía.
—Yo casarme no, por cierto, ni tal intención tenía,
yo bien quisiera ser monja religiosa carmelina.
Echan los dos a correr por aquellas praderías,
hasta llegar a aquel bosque y el más espeso que había,
allí se dieron tres vueltas, pero ella no se caía,
de las tres para las cuatro puñaladas allí había,
de las cuatro pa las cinco ya viene la policía.
—¿Quién mató a este caballero? Mi Dios, ¿quién le mataría?
Responde la Miolinesa sin miedo ni cobardía:
—Yo misma le he matado con las armas que él traía,
él me robaba el amor yo le he quitado la vida.
Y aquí se acaba la historia de una mujer atrevida
y aquí se acaba la historia de la hermosa Carmelina.
Una fatal ocasión – Sahelices del Payuelo
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Por aquellos altos montes una serrana venía,
trae saya sobre saya bazquiña sobre bazquiña.
Con el pie pisa la saya y entre la hierba caía,
se ha recatado pa tras por ver si alguno venía,
vio venir a un caballero de los que la pretendían.
Mucho corría el traidor pero más corría la niña
y la ha venido a alcanzar allá arriba en la montisca,
donde cae la nieve a copos que los montes se cubrían.
—Dame tu cuerpo la linda dame tu cuerpo la bella.
—Mi cuerpo no te le doy primero pierdo la vida.
Vueltas uno, vueltas otro, un puñal se le caía,
la niña como no es tonta para sí lo recogía.
Por un lado, se le mete, por el otro la salía,
con las ansias de la muerte el caballero decía:
—No te alabes por tu tierra ni tampoco por la mía,
que has matado a un caballero con las armas que él traía.
—No me alabo por tu tierra ni tampoco por la mía,
una vez que te maté mil veces me pesaría.
Con la punta de la espada la sepultura le hacía,
con lágrimas de sus ojos le echaba el agua bendita.
¡Válgame Nuestra Señora válgame Santa María!
¡Válgame Nuestra Señora válgame Santa María!
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Una fatal ocasión – Alija del Infantado-
Una fatal ocasión –Alija del Infantado Romance | Audio https://archivoreinoleon.es/registros/una-fatal-ocasion-alija-del-infantado/?categorias_registros=tradicion-oral
Por los prados de Valverde una romera camina,
con los pies pisa la hierba con los zancajos la trilla,
con el vuelo de la saya para un lado la desvía.
La niña mira pa’tras solo por ver quién venía,
vio venir un caballero que era el que la pretendía,
la niña de que esto vio de andar dejaba y corría,
pero el pícaro el mancebo a la cara le salía.
Siete rodeones van dando de todos se defendía,
de los siete pa los ocho un puñal se le caía,
la niña como no es tonta para sí le recogía.
Se lo mete por un lado por el otro le salía,
con las ansias de la muerte estas palabras decía:
—Y preséntate en tu tierra y preséntate en la mía,
que matastes un galán con el arma que él traía.
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| Se paseaba una niña, con el pie siega las rosas |
