Mientras el conde va a misa, la condesa mala está.
¿Tú que tienes, la condesa, de hora y media para acá?
Que me encuentro ocupadita de hora y media para acá.
Si te encuentras ocupadita, algo te se antojará:
¿si te se antojan perdices o pescados de la mar?
Ni se me antojan perdices ni pescados de la mar,
que se me antoja un ciervito que en el monte oí bramar.
Si te se antoja un ciervito, yo te lo iré a buscar.
Si lo vas a buscar, conde, armas no has de llevar;
llevas el bastón na mano, como aquel que va a pasear.
¡Vos es el diablo, condesa, no me vayan a matar!
Dejara las armas viejas, nuevas las fue a estrenar.
Siete vueltas dio al monte, el ciervito allí no está;
de las siete pa las ocho, con Celinos fue a dar.
¿Qué buscas por aquí, el conde, por mis montes a cazar?
Que antojos de la condesa por aquí me hacen andar.
Tú tienes la mujer guapa, yo te la he de gozar;
los tus hijos, el buen conde, a mí padre me han llamar.
Lo que Dios quiera, Celinos, lo que Dios quiera será,
que Dios ayuda a los hombres na mayor necesidad.
Desenvainan las espadas, se pusieron a pelear;
del primer espadillazo Celinos en tierra cae.
Le cortara la cabeza, a la condesa la fue a dar.
Toma el ciervo, la condesa, que me mandaste a buscar.
Malajo para ti, el conde, no era digno de matar.
Hízole a ella lo mismo; púsolos de par en par.
Besáivos y abrazáivos, ahora que tenéis lugar.