Alabándose anda Félix, Félix como el gran traidor,
que no hay dama ni doncella que a él le niegue el amor.
Oído le había Carlos, y muy mal le pareció.
Esposita tengo en Francia, de quince años que más no,
donde tú me la engañases, me saquen el corazón,
donde tú no me la engañes, el tuyo te saco yo.
Al otro día por la mañana el mal Félix madrugó,
a la puerta ` la infantina y una rica tienda armó;
por encima de la tienda un cordón de oro tendió.
Todas las damas y doncellas salían a ver el cordón;
también salió la de Carlos más hermosita que un sol.
¿Cuánto vale el cordón, Félix, Félix, qué vale el cordón?
Para usted, la señorita, no tiene precio el cordón,
yo a usted se lo daría por un poquito de amor.
Guárdate el cordón, Félix, Félix, guárdate el cordón;
esposito tengo en Francia, que me ha dar otro mejor.
¡Arreviente la infantina, la madre que la parió!
por causa de la infantina me sacan el corazón.
¡Arrevientes tú, el mal Félix! ¿Qué culpa te tengo yo?,
otro día apuesta dinero y no apuestes el corazón.
