En cierto lugar de España
hay un molinero honrado
que ganaba sus sustento
con un molino arrendado:
era casado
con una moza
como una rosa
y era tan bella,
que el Corregidor
se prendó de ella;
la visitaba y festejaba
hasta que un día
le declaró el asunto
que pretendía.
Respondió la Molinera:
vuestros favores admito,
pero temo que mi esposo
nos atrape en el garlito;
porque el maldito,
tiene una llave,
con la cual abre
cuando es su gusto,
y si viene y nos coge,
tendré gran susto,
por es un hombre
muy vengativo,
cruel y activo,
y como le agravien,
no se la har á ninguno,
que no se la pague.
Respondió el Corregidor:
yo puedo hacer que no venga,
enviándole al molino
cosa que á él le entretenga:
pues como digo
será de trigo
porción bastante,
que lo muela esta noche,
que es importante;
para una idea
que tengo oculta,
bajo la multa
de doce duros;
y con esto pródromos
estar seguros.
Consintió l a Molinera,
y luego sin má s porfía,
el Corregidor dispuso
todo lo que dicho había;
pero aquel día,
de acaso vino
á este molino
un pasajero,
que tenía el oficio
de Molinero;
viendo la orden,
le dijo airoso:
S i usted está ansioso
para irse, amigo,
váyas e que sin falta
moleré el trigo.
Le agradeció el Molinero
y arrancó como un cohete:
á las doce de la noche
llega á su casa y se mete
en su retrete;
cuando en su cama
vió á la Dama
sin mucho empeño,
y al Corregidor,
que ambos están
dados al sueño,
y en una silla
muy recogido
todo el vestido
sin faltar nada,
reloj, capa, sombrero,
bastón y espada.
E l Molinero se puso,
con contento y alegría,
del Corregidor el traje,
y dejó el que traía :
tomó la guí a
para su casa
por ver si pasa;
llamó á la puerta,
le abrió el criado
que estaba alerta;
y como iba
tan disfrazado,
sin ser notado
se entró en la cama
con la Corregidora
que es linda dama,
A la que por desquite
y porque le agradaba,
era tanto lo que hacía
que un punto no la dejaba:
como estrañaba
la Corregidora
desorden tanto,
llena de espanto
dijo al Molinero:
¿Qué novedad es esta,
esposo mío,
que en otras noches
no anduvo el coche
con tal violencia?
y la respondió:
Hija, ten paciencia.
Despertó el Corregidor,
y ver la hora procura,
pero al buscar el reloj
estraña l a vestidura:
con amargura
la Molinera
toda se altera,
y ha respondido:
¡Ay, señor,
que es la ropa
de mi marido:
y no sé ahora
donde me oculte,
ó me sepulte
que él no lo entienda,
yo me voy con Usía
que me defienda.
E l Corregidor temblando,
que el miedo le acobarda,
en vestirse no se tarda
para volver á su casa
con capa parda,
toda girones
chupa y calzones
con mi l remiendos,
las polainas atadas
con unos vendos,
y unas abarcas
de piel de paño;
con una estaca
y una montera
se fué á su casa,
y sigúele la Molinera.
Llegó llamando á la puerta
y nadie le respondía,
tanto llamó que de adentro
preguntan qué se ofrecía:
y él les decía
á grandes voces.
No me conoces,
que soy tu amo,
cómo no abres la puerta
cuando te llamo?
Dijo el criado;
Calle y no muela,
vaya á su abuela
con esa trama:
ea, calle, porque mi amo
está durmiendo
ahora en su cama.
Se estuvieron á la puerta
de buena ó de mala gana,
hasta las siete del día
los dos toda l a mañana :
suerte tiran al
pues el citado,
muy afrentado,
con gran paciencia
sufrió tras de los cuernos
la penitencia;
y ella lo mismo
en compañía,
pues no sabía
donde encubrirse,
hasta que el Molinero
quiso vestirse.
Viendo la Corregidora
que aquel no era su marido,
se arrojó de l a cama
cual león enfurecido:
dijo: Atrevido!
¿cómo has entrado
y profanado
mi gran decoro?
quién te dió el traje
de mi marido?
que me has perdido.
Y con gran modo
la respondió:
Allá fuera
lo sabrá s todo.
Se salieron á la calle,
y cuando todos se vieron,
porque nadie los notase
en la casa se metieron:
y dispusieron
como hombres sabios
que sin agravios
por el desquite,
se celebre el suceso
con un convite;
porque en l a Corte,
con el dinero,
hay má s Corregidores
que molineros
AUDIO https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00420_29_-_El_corregidor_y_la_molinera.ogg

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La molinera y el corregidor

En cierto lugar de España
y hay un molinero honrado
que ganaba su sustento
con el molino alquilado.
Y era casado
con una moza
como una rosa
y por ser tan bella,
vino el corregidor,
se apropió d’ella.
La acariciaba,
la cortejaba,
la festejaba
y hasta que un día
la declaró el asunto
que pretendía.
Aceptó la molinera:
-Vuestras palabras admito,
pero temo que mi esposo
nos atrape en el garlito.
Porque el maldito
tiene una sangre
que no se la hace ninguno
que no la pague.