| En cierto lugar de España hay un molinero honrado que ganaba sus sustento con un molino arrendado: era casado con una moza como una rosa y era tan bella, que el Corregidor se prendó de ella; la visitaba y festejaba hasta que un día le declaró el asunto que pretendía. Respondió la Molinera: vuestros favores admito, pero temo que mi esposo nos atrape en el garlito; porque el maldito, tiene una llave, con la cual abre cuando es su gusto, y si viene y nos coge, tendré gran susto, por es un hombre muy vengativo, cruel y activo, y como le agravien, no se la har á ninguno, que no se la pague. Respondió el Corregidor: yo puedo hacer que no venga, enviándole al molino cosa que á él le entretenga: pues como digo será de trigo porción bastante, que lo muela esta noche, que es importante; para una idea que tengo oculta, bajo la multa de doce duros; y con esto pródromos estar seguros. Consintió l a Molinera, y luego sin má s porfía, el Corregidor dispuso todo lo que dicho había; pero aquel día, de acaso vino á este molino un pasajero, que tenía el oficio de Molinero; viendo la orden, le dijo airoso: S i usted está ansioso para irse, amigo, váyas e que sin falta moleré el trigo. Le agradeció el Molinero y arrancó como un cohete: á las doce de la noche llega á su casa y se mete en su retrete; cuando en su cama vió á la Dama sin mucho empeño, y al Corregidor, que ambos están dados al sueño, y en una silla muy recogido todo el vestido sin faltar nada, reloj, capa, sombrero, bastón y espada. E l Molinero se puso, con contento y alegría, del Corregidor el traje, y dejó el que traía : tomó la guí a para su casa por ver si pasa; llamó á la puerta, le abrió el criado que estaba alerta; y como iba tan disfrazado, sin ser notado se entró en la cama con la Corregidora que es linda dama, A la que por desquite y porque le agradaba, era tanto lo que hacía que un punto no la dejaba: como estrañaba la Corregidora desorden tanto, llena de espanto dijo al Molinero: ¿Qué novedad es esta, esposo mío, que en otras noches no anduvo el coche con tal violencia? y la respondió: Hija, ten paciencia. Despertó el Corregidor, y ver la hora procura, pero al buscar el reloj estraña l a vestidura: con amargura la Molinera toda se altera, y ha respondido: ¡Ay, señor, que es la ropa de mi marido: y no sé ahora donde me oculte, ó me sepulte que él no lo entienda, yo me voy con Usía que me defienda. E l Corregidor temblando, que el miedo le acobarda, en vestirse no se tarda para volver á su casa con capa parda, toda girones chupa y calzones con mi l remiendos, las polainas atadas con unos vendos, y unas abarcas de piel de paño; con una estaca y una montera se fué á su casa, y sigúele la Molinera. Llegó llamando á la puerta y nadie le respondía, tanto llamó que de adentro preguntan qué se ofrecía: y él les decía á grandes voces. No me conoces, que soy tu amo, cómo no abres la puerta cuando te llamo? Dijo el criado; Calle y no muela, vaya á su abuela con esa trama: ea, calle, porque mi amo está durmiendo ahora en su cama. Se estuvieron á la puerta de buena ó de mala gana, hasta las siete del día los dos toda l a mañana : suerte tiran al pues el citado, muy afrentado, con gran paciencia sufrió tras de los cuernos la penitencia; y ella lo mismo en compañía, pues no sabía donde encubrirse, hasta que el Molinero quiso vestirse. Viendo la Corregidora que aquel no era su marido, se arrojó de l a cama cual león enfurecido: dijo: Atrevido! ¿cómo has entrado y profanado mi gran decoro? quién te dió el traje de mi marido? que me has perdido. Y con gran modo la respondió: Allá fuera lo sabrá s todo. Se salieron á la calle, y cuando todos se vieron, porque nadie los notase en la casa se metieron: y dispusieron como hombres sabios que sin agravios por el desquite, se celebre el suceso con un convite; porque en l a Corte, con el dinero, hay má s Corregidores que molineros |
=======================
La molinera y el corregidor
En cierto lugar de España
y hay un molinero honrado
que ganaba su sustento
con el molino alquilado.
Y era casado
con una moza
como una rosa
y por ser tan bella,
vino el corregidor,
se apropió d’ella.
La acariciaba,
la cortejaba,
la festejaba
y hasta que un día
la declaró el asunto
que pretendía.
Aceptó la molinera:
-Vuestras palabras admito,
pero temo que mi esposo
nos atrape en el garlito.
Porque el maldito
tiene una sangre
que no se la hace ninguno
que no la pague.
