VILLAMUÑIO
-¿En qué la conoces, hijo, en qué la conoces, sol?
-En el atar del zapato, en el brochar del jubón,
en el caer de los ojos, que les cae con dolor.
-Pues llévala, tú hijo mío, a la tiendas a comprar:
sí los otros compran cintas, cinta el galón comprará.
-Ya la llevé padre mío a las tiendas a comprar:
sí los otros compran cintas, Oliveros un puñal.
-Pues llévala tú, hijo mío, a los linos a estrazar:
si Oliveros es mujer, de los linos se doldró.
-Ya la llevé, padre mío, a los linos a estrazar,
si los otros estrozan mucho, Oliveros mucho más.
-Pues llévala tú, hijo mío, a los ríos a nadar:
si Oliveros es mujer, no se querrá desnudar.
-Ya la llevé padre mío, a los ríos a nadar,
en el medio del camino, Oliveros se echó a llorar.
-lPor qué lloras, Oliveros? -¿Por qué tengo de llorar?
He recibido una carta, toda llena de pesar,
que mi padre está ya muerto, y mi madre sin respirar.
Si usted me diera licencia para irles a enterrar.
-La mi licencia Oliveros, por tuya la tienes ya.
