En la provincia Aragón, donde se cría el romero,
también se criaron dos, una niña y un mancebo.
Mucho se quisieron siempre, de grandes y de pequeños;
sus padres no se la daban, sus padres no se la dieron,
sus padres no se la daban porque era pobre el mancebo.
Se ha ausentado de su casa por ver si la aborrecía;
cuanto más la echa en olvido, más al alma la traía.
Siete años estuvo allá, y olvidarla no podía;
de los siete pa los ocho trató volver a Castilla.
-Arre, mi caballo arre, arre, mi caballería,
arre, mi caballo arre, que pronto será de día.
Al revolver un cantón, al revolver de una esquina,
se ha encontrado con un niño, la edad de ocho años tenía.
-Dime, niño, si tú sabes, dime de toda tu vida,
dime si se habrá casado doña Ángela de Mejía.
-Hoy se casará la blanca, hoy se casará la niña,
hoy se casará la blanca, a gusto de ella no iba.
Siete vueltas dio al palacio, sin hallar gente nacida;
todo, todo está cerrado, ventanas y porterías.
En la ventana más alta había una blanca niña,
toda vestida de negro, hasta la flor que traía.
-lPor quién trae luto, la blanca, por quién trae luto, la niña?
-Por mi ama doña Ángela, doña Ángela de Mejías.
El caballero al oírlo, desmayado se caía,
y después que volvió en sí, a preguntar a la niña:
-Dime dónde está enterrada, quiero hacerla una visita.
-Allá en el altar mayor, en una hermosa capilla,
junto a una cruz que relumbra, al pie la Virgen María.
-Abre la puerta, portero, ábreme la portería,
abre la puerta, portero, que bien pago te sería.
L’ha regalado un anillo que mucho valor tenía:
El aro sin el doblón un grande valor tenía.
La rezó siete rosarios sin levantar la rodilla,
la rezó siete rosarios por amor que la tenía.
Sacó un dorado puñal de su dorada petrina,
para quitarse la vida y echarse en su compañía.
La Virgen, de que lo vio, corrió su blanca cortina.
-Deténte, mano feroz, y no te quites la vida,
más quiero que resucite la que antes ha sido viva,
primero de que se pierda un devoto de María.
-Levántate de ahí, Juan, levanta esa losa fría.
La vio tan fresca y tan guapa como cuando estaba viva.
L’ha agarrado de la mano, se la llevó calle arriba.
L’ha pretendido el galán, el galán que la tenía,
pero la mano don Juan bien ganada la tenía.
Madres que tenéis hijas, casadlas con alegría,
que una joven de quince años de muerta se volvió viva.

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