En el pueblo de Villamuñío
hay un hombre labrador,
que labrador quiere ser.
Y este tal tiene una hija
que la llaman Isabel.
Ésta tuvo cuatro novios,
como ustedes van a ver.
El primero fue Mauricio,
anda niña, que está bien.

El segundo, Valentín,
se quiso casar con él,
y su padre la decía
«te tiene poco interés».

El tercero fue García,
cabeza de mala res,
que por andarse en bobadas
despidióle ya también.

Y el cuarto fue Eusebio,
ésta se moría por él,
y primero le dio el no
y el sí le llevó después.

Y cuando le llevó el sí,
remedio no pudo haber,
porque se le había dado
a Juliana, su mujer.

La víspera de la boda
que Eusebio a casarse fue,
éste estuvo a la ventana
de la citada Isabel.

La dijo, -«Isabel querida,
esta noche vengo a ver,
que si tú me das palabra
a Juliana dejaré».

Ella, triste, le contesta,
-«Sí, vas a dejarla, bien,
te vas a casar mañana
y yo moza quedaré».

Y el día de la boda,
que Eusebio a casarse fue,
llorando estuvo en la cama,
la pobrecita Isabel.